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domingo, 15 de mayo de 2011

Homenaje al poeta joven y guerrillero - Javier Heraud Perez

Por: Lindon Vela

Hoy 15 de Mayo del 2011, 48 años después de la desaparición de Javier Heraud, la nostalgia invade el espacio desde donde escribo este blog destinado a la difusión de la cultura, el arte inédito de Lambayeque y otros pueblos; así como también para difundir, poesía y literatura que expresa la vida cotidiana de los excluidos, de los ignorados, de los que siendo vida misma, la historia no los cuenta. Hoy recuerdo también con tristeza y añoranzas el pasado, recuerdo el nombre de mi promoción del Colegio Túpac Amaru de Collonce 1987 - "Javier Heraud Perez". Esas épocas cuando empezamos los estudiantes secundarios a solidarizarnos con las luchas del magisterio de mi pueblo y juntamente con un joven de ideas progresistas, por primera vez oficialmente los estudiantes no asistimos a clases y nos pronunciamos a favor de la lucha magisterial. Ese joven acaba de fallecer hace tres días, el 11 de Mayo del 2011. Él propuso el nombre de nuestra promoción, ese joven es CARLOS VASQUEZ TAN, hermano de nuestro paisano y actual Alcalde Provicial de Luya - Amazonas: Prof. Grimaldo Vasquez Tan.

Estas líneas en la cual presento la última correspondencia relacionada con la muerte de Javier Heraud, lo dedico a mi amigo Carlos Vásquez Tan, que murió, creo con la ilusión de un mundo mejor, más justo, más humano.

Video en homenaje a JAVIER HERAUD


CARTA DE JAVIER HERAUD A SU MADRE

Nov 62. La Habana. Cuba.

Que­rida madre:
No sé cuándo podrás leer esta carta. Si la lees quiere decir que algo ha suce­dido en la sierra y que ya no podré salu­darte y abra­zarte como siem­pre. ¡si supie­ras cuánto te amo!, ¡si supie­ras que ahora que me dis­pongo a salir de Cuba para entrar en mi patria y abrir un frente gue­rri­llero pienso más que nunca en ti, en mi padre, en mis her­mano tan queridos!

Voy a la gue­rra por la ale­gría, por mi patria, por el amor que te tengo, por todo en fin. No me guar­des ren­cor si algo me pasa. Yo hubiese que­rido vivir para agra­de­certe lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin ser­vir a mi pue­blo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, y tu me criaste hon­rado y justo, amante de la ver­dad, de la justicia.
Por­que sé que mi patria cam­biará, sé que tú tam­bién te halla­rás dichosa y feliz, en com­pa­ñía de mi padre amado y de mis her­ma­nos. Y que mi vacío se lle­nará pronto con la ale­gría y la espe­ranza de la patria.
Te besa
Tu hijo
Javier

CARTA DEL PADRE AL ASESINATO DEL POETA
Lima, 23 de Mayo de 1963
Sr. D. Pedro Beltrán
Director de "La Prensa"
Ciudad

Muy distinguido señor:
Le agradecería tuviera a bien disponer se publicara la declaración que formulo con referencia a los sucesos ocurridos en Puerto Maldonado en donde perdiera la vida mi hijo el poeta Javier Heraud Pérez.

El sacrificio de mi hijo Javier ha sumido a mi familia en el más profundo desconsuelo, tanto por la forma como ha desaparecido como por la pérdida de una promesa para la cultura y el pensamiento de mi patria.

Nosotros sabíamos que nuestro hijo Javier estaba hondamente preocupado porque aspiraba a tener una vida útil y creadora. Lo prueba sus libros de poemas, pero nunca supimos que él pensara, al irse a Cuba, en otra cosa que estudiar cinematografía. Por eso las noticias de Puerto Maldonado nos fulminaron, y yo fui al lugar de los hechos porque me resistía a creerlos. Allí tuve la trágica certidumbre de la muerte de Javier. Pero mi pena, con ser insondable, se ha agrandado más aún al saber que mi hijo, que había ido allá urgido por un ideal, arrostrando los más graves peligros con el. más absoluto desinterés, había sido víctima de una cacería inhumana. Cuando, inerme en una canoa de tronco de árbol, desnudo y sin armas en medio del río Madre de Dios, a la deriva, sin remos, mi hijo pudo ser detenido sin necesidad de disparos, más aún por cuanto, su compañero, había enarbolado un trapo blanco. No obstante eso, la policía y los civiles a quienes se azuzó les disparaban sobre seguro, desde lo alto del río, durante hora y media, inclusive con balas de cacería de fieras.

Cuando el compañero de mi hijo gritó: "no disparen más", estando ya cerca de la ribera desde donde les disparaban, y según versiones orales que he recogido en la población un capitán gritó: "fuego, hay que rematarlos". Un teniente, más humano y más respetuoso de las leyes de la guerra que prohiben disparar contra el enemigo ya inerme y herido, contuvo el fuego, pero ya era tarde . Una bala explosiva había abierto un boquete enorme a la altura del estómago de mi infortunado hijo y muchas balas más se habían abatido sobre el cadáver de mi hijo, que con sus 21 años y sus ilusiones, había tratado de hacer una incitación para que cesen los males que, según él, debían desterrarse de nuestra patria
Las leyes de Guerra prohiben el empleo de balas explosivas. Ya se ha desterrado definitivamente de las prácticas el ensañamiento con el vencido. Y las leyes humanas y sociales impiden soliviantar a los civiles para abrumar al vencido. El Perú, que siempre en la guerra fue tan generoso como Grau con sus adversarios, habrá de mirar con unánime repulsa estos graves hechos y es de desear, para que no se abra un sombrío e impune antecedente de crueldad que podría no cerrarse nunca, se haga cumplir sanción y justicia al desatado furor fratricida que ha tenido como escenario un claro río de nuestras montañas y como víctima a un mártir adolescente traspasado de ideales generosos.

Para nuestra familia, sin distingos, nuestro Javier es el símbolo de la pureza y del sacrificio.

De Ud. Muy atentamente.

JORGE A. HERAUD CRICET

MENSAJE DE PABLO NERUDA

Julio de 1963
Universidad de Chile
ISLA NEGRA, Juliio de 1963

He leído con gran emoción las palabras de Alejandro Romualdo sobre Javier Heraud. También el valeroso examen de Washigton Delgado, las protestas de Cesar Calvo, de Reinaldo Naranjo, de Arturo Corcuera, de Gustavo Valcárcel. También leí la desgarradora relación de Jorge A. Heraud, padre del poeta Javier.

Me doy cuenta de que una gran herida ha quedado abierta en el corazón del Perú y que la poesía y la sangre del joven caído siguen resplandecientes, inolvidables.

Morir a los veinte años acribillado a balazos “desnudo y sin armas en medio del río Madre de Dios, cuando iba a la deriva, sin remos...” el joven poeta muerto allí, aplastado allí en aquellas soledades por las fuerzas oscuras. uestra América oscura, uestra edad oscura.

No tuve la dicha de conocerlo. Por cuando ustedes lo cuentan, lo lloran, lo recuerdan, su corta vida fue un deslumbrante relámpago de energía y de alegría.

Honor a su memoria luminosa. Guardaremos su nombre bien escrito. Bien grabado en lo más alto y en los más profundo para que siga resplandeciendo. Todos lo verán, todos lo amarán mañana, en la hora de la luz.

Pablo Neruda

CARTA DE NICOLAS GUILLEN

19 de Julio de 1963

UNION DE ESCRITORES Y ARTISTAS DE CUBA

Habana, 19 de Julio de 1963
Año de la Organización

Sr. Gustavo Valcarcel,
Lima, Perú
Querido Gustavo:

Te escribo para expresarte nuestra, viva pena por la muerte de Heraud, su holocausto a la revolución peruana.

Aunque él estuvo en Cuba, no tuve 1a suegra de conocerlo entonces, porque no coincidimos aquí. pero quienes lo trataron - jóvenes cubanos que hoy lo lloran- lo quisieron como hermano, pues fraternal era su corazón tanto como lúcida su inteligencia. Dicen que Él prometió volver y sus compañeros lo esperaban. Prefirió quedarse e inscribir su nombre junto a los mártires de la liberación de su pueblo, que nada podrá detener. Sangre pura y generosa la suya, sangre que va a crecer cada día y terminará ahogando a quienes la derramaron. Siempre ha sido así siempre ha de ser así.

En mi nombre y en el de nuestra querida Unión, donde la muerte de Heraud ha sido conmovedora. te envío nuestros sentimientos solidarios con el dolor, que a ustedes aflige, que es también nuestro, tú lo supones, tú lo sabes. Los asesinos da este muchacho puro - no quienes lo mataron con sus manos irresponsables - sino los otros, los que mandaron que lo mataran, están mucho más muertos que él, o no, son en realidad los únicos que han muerto.

Por ahora nada más, sino nuestro cariñoso recuerdo y un abrazo fuerte y largo.

Te quiere

Nicolás Guillén.

En el siguiente enlace pueden encontrar fotografías de Javier Heraud en diferentes situaciones:
Fotografías de Javier Heraud Perez

sábado, 14 de mayo de 2011

Javier Heraud: entre el fuego y la ternura

Juan Cristóbal
Esbozo biográfico

Tenía apenas 21 años, cuando un 15 de mayo de 1963 pasó a la inmortalidad, al ser acribillado, con balas que sirven para cazar animales, por la Guardia Civil, en un río de Puerto Maldonado, a pesar de haber estado agitando una bandera blanca desde una canoa, cuando había ingresado al Perú y deseaba iniciar la revolución, desde su militancia del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

En él se dio la figura del hombre que lucha incansablemente por sus ideales y la del poeta admirado que ya había ofrecido un caudal de poemas admirables. Sus versos, a pesar de ser sencillos, eran hondos y gravitantes. Reflejaban inquietudes de los más profundos sentimientos, especialmente de justicia. A pesar de su juventud, la obra que nos legó sigue causando admiración y respeto, tanto por su ternura cuanto por su estilo acabado. Su poesía es límpida y transparente. Puede parecer simple, pero es grave y compleja. Los temas centrales de su poesía son: el río, el otoño, el hogar, la naturaleza, la muerte, que siempre la trata de una forma conmovedora, cercana y familiar. Son inolvidables esos versos: “Yo no le temo a la muerte / pero algún día / moriré entre pájaros y árboles”. Y asi fue como murió. Como la mataron.

Esa admirable madurez se explica por su constante preocupación de mantenerse en contacto con la literatura no solo peruana sino del mundo. Apreciaba la calidad, entre los peruanos, de Vallejo, Westphalen, como la de Neruda, Eluard, Keats, Shélley, Antonio Machado, entre otros.

Los pocos años que tenía no fueron obstáculo para su ingreso a la Universidad La Católica, en donde fue asistente de cátedra a los 17 años. Posteriorme, asumiría la responsabilidad de ser profesor de inglés en el colegio Guadalupe.

Los amigos lo recuerdan como un joven sencillo, bueno, con alma de niño, que sabía lo que significaba la amistad. Era alegre y juguetón, pero de carácter fuerte al que le indignaba la injusticia.

En 1960 ganó el primer premio, junto con César Calvo, en el concurso “El Poeta Joven del Perú”, convocado por la revista Cuadernos Trimestrales de Poesía, de Trujillo, dirigida por Oscar Corcuera.

El 20 de julio de 1961 viaja a Moscú, pasa a Asia, luego a Paris y Madrid. En 1962 se va a Cuba a estudiar cine.

En vida publicó “El río”, “El viaje”, Dejó poemarios inéditos como “Estación reunida”, “Poemas de la tierra”, “Viajes imaginarios”, “Poemas dispersos”. Su nombre de combate fue “Rodrigo Machado”.

El mensaje de JavierTal vez fue Lenin quien dijo, “En algunas épocas las mismas clases dominantes que asesinan a hombres que después pasan a tener un significado profundo de su patria, tratan de apoderarse de su memoria (como aves de rapiña) para confundir al pueblo haciéndose pasar como los realizadores de esos ideales por los cuales ofrendó su vida el combatiente”.

Y esto es lo que sucedió y sigue sucediendo con Javier, añadiendo además, para vergüenza de quienes lo hacen, que no solamente cometen la ignominia arriba mencionada de las clases opresoras, sino también entran en la conjura algunos compañeros de ideales y sueños. Por eso es importante rescatar a Javier y tantos otros héroes populares para que no aparezcan como los “románticos”, “los ingenuos”, “los aventureros” que abrazaron y abrazan “ideas extrañas”, porque eso es una farsa.

Es verdad que Javier fue un romántico (qué poeta, qué militante, qué guerrillero no lo es), un ingenuo (pero para decir, “del horizonte de uno al horizonte de todos”, como Paul Eluar), un aventurero (pero a la manera del Che, que exponía su vida por las ideas que enarbolaba). Pero de lo que se olvidan decir es que Javier fue un auténtico revolucionario, un hombre en toda la extensión de la palabra, que estuvo comprometido política e ideológicamente con la liberación definitiva de su patria, y no con meras reformas estructurales y nacionalistas.

Por eso, en los actuales momentos de nuestra vida política, el recuerdo y presencia de Javier adquiere un significado especial: persistir en la lucha por el auténtico socialismo, aun cuando sea desde las trincheras del desaliento o desesperanza. Porque lo que Javier y otros quisieron, no fue una bola menos pesada para el presidiario, ni una sociedad donde se maten (de hambre o de bala o se desaparezcan o destierren) obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales comprometidos. ni que se renuncie a la inevitable lucha de clases.

El recuerdo y presencia de Javier debe servir para guiarnos a producir acciones unitarias a favor de las grandes mayorías, que conduzcan al socialismo y al internacionalismo de nuestra patria latinoamericana, amenazada por el neoliberalismo salvaje y sus siempre protervos adalides como Vargas Llosa.

AddendaAlguna vez testimonié en un semanario diciendo: “A Javier Heraud –los amigos cercanos y los otros- lo hemos traicionado. Su legado político lo hemos olvidado, lo hemos echado al tacho de basura. Nadie (a excepción de Edgardo Tello) ha seguido su generosidad y lealtad, su mirada al porvenir y su entrega. Porque todos los de la generación del 60 nos dedicamos a posar, a hablar, hacer recitales, manifiestos, pero no a entregarnos a la lucha concreta y definitiva. Fuimos como una especie de dandys de la palabra y del gesto”. Y puedo añadir ahora: “Y después (especialmente con los tiempos del fujimorato), muchos otros lo volvieron a traicionar, ya claudicando en su pensamiento, ya pasándose al enemigo”.

Por eso, la muerte de Javier, para nosotros los poetas e intelectuales que deseamos servir a la historia, debe ser el punto de partida y el compromiso permanente con las mejores causas populares. Debe ser el testimonio heroico de la teoría y de la práctica, desde el lugar que nos encontremos. La afirmación de nuestras esperanzas. Debemos, pues ratificar, de manera permanente, que los ideales de belleza y lucha no son excluyentes, sino están en la misma línea de combate y por encima de todo tipo de interés. Y eso lo advirtió premonitoriamente Javier cuando dijo: “No hay que elevar las promesas futuras, si a la hora de la lluvia sólo tendremos el sol y el trigo muerto”.

La historia, inflexible como siempre, le ha vuelto a dar la razón a Javier, nuestro mejor paradigma de poeta y revolucionario. Y nos ha vuelto a poner a nosotros en nuestro sitio. De donde sólo podremos salir si mostramos entrega y vitalidad. Como él, cuando murió.
Lima, 2006, jueves 18 de mayo, Escuela de Folklore “José María Arguedas”

Les brindamos algunos poemas del joven poeta del Perú.

El río

Yo soy un río un río
un río cristalino en la mañana.
A veces soy tierno y bondadoso.
Me deslizo suavemente
por los valles fértiles,
doy de beber miles de veces
al ganado, a la gente dócil.
Los niños se me acercan de día,
y de noche trémulos amantes
apoyan sus ojos en los míos,
y hunden sus brazosen la oscura claridad
de mis aguas fantasmales.

Yo soy el río.
Pero a veces soy bravo y fuerte
pero a veces no respeto
ni a la vida ni a la muerte.
Bajo por las atropelladas cascadas,
bajo con furia y con rencor,
golpeo contra las piedras más y más,
las hago una a una pedazos interminables.
Los animales huyen,
huyen huyendo cuando me desbordo
por los campos, cuando siembro
de piedras pequeñas las laderas,
cuando inundo las casas y los pastos,
cuando inundo las puertas y sus corazones,
los cuerpos y sus corazones.


Palabra de guerrillero

Porque mi patria es hermosa
corno una espada en el aire,
y más grande ahora y aun
más hermosa todavía,
yo hablo y la defiendo con mi vida.
No me importa lo que digan
los traidores,
hemos cerrado el pasado
con gruesas lágrimas de acero.
El cielo es nuestro,
nuestro el pan de cada día,
hemos sembrado y cosechado
el trigo y la tierra,
y el trigo y la tierra
son nuestros,
y para siempre nos pertenecen
el mar
las montañas y los pájaros.

Arte Poética

En verdad, en verdad hablando,

la poesía es un trabajo difícil
que se pierde o se gana
al compás de los años otoñales.

Cuando uno es joven
y las flores que caen no se recogen
uno escribe y escribe entre las noches,
y a veces se llenan cientos y cientos
de cuartillas inservibles.
Uno puede alardear y decir
“yo escribo y no corrijo,l
os poemas salen de mi mano
como la primavera que derrumbaron
los viejos cipreses de mi calle”)
Pero conforme pasa el tiempo
y los años se filtran entre las sienes,
la poesía se va haciendo
trabajo de alfarero,
arcilla que se cuece entre las manos,
arcilla que moldean fuegos rápidos.
Y la poesía es
un relámpago maravilloso,
una lluvia de palabras silenciosas,
un bosque de latidos y esperanzas,
el canto de los pueblos oprimidos,
el nuevo canto de los pueblos liberados.
Y la poesía es entonces,
el amor, la muerte,
la redención del hombre.

Madrid, 1961 – La Habana, 1962