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domingo, 15 de mayo de 2011

Homenaje al poeta joven y guerrillero - Javier Heraud Perez

Por: Lindon Vela

Hoy 15 de Mayo del 2011, 48 años después de la desaparición de Javier Heraud, la nostalgia invade el espacio desde donde escribo este blog destinado a la difusión de la cultura, el arte inédito de Lambayeque y otros pueblos; así como también para difundir, poesía y literatura que expresa la vida cotidiana de los excluidos, de los ignorados, de los que siendo vida misma, la historia no los cuenta. Hoy recuerdo también con tristeza y añoranzas el pasado, recuerdo el nombre de mi promoción del Colegio Túpac Amaru de Collonce 1987 - "Javier Heraud Perez". Esas épocas cuando empezamos los estudiantes secundarios a solidarizarnos con las luchas del magisterio de mi pueblo y juntamente con un joven de ideas progresistas, por primera vez oficialmente los estudiantes no asistimos a clases y nos pronunciamos a favor de la lucha magisterial. Ese joven acaba de fallecer hace tres días, el 11 de Mayo del 2011. Él propuso el nombre de nuestra promoción, ese joven es CARLOS VASQUEZ TAN, hermano de nuestro paisano y actual Alcalde Provicial de Luya - Amazonas: Prof. Grimaldo Vasquez Tan.

Estas líneas en la cual presento la última correspondencia relacionada con la muerte de Javier Heraud, lo dedico a mi amigo Carlos Vásquez Tan, que murió, creo con la ilusión de un mundo mejor, más justo, más humano.

Video en homenaje a JAVIER HERAUD


CARTA DE JAVIER HERAUD A SU MADRE

Nov 62. La Habana. Cuba.

Que­rida madre:
No sé cuándo podrás leer esta carta. Si la lees quiere decir que algo ha suce­dido en la sierra y que ya no podré salu­darte y abra­zarte como siem­pre. ¡si supie­ras cuánto te amo!, ¡si supie­ras que ahora que me dis­pongo a salir de Cuba para entrar en mi patria y abrir un frente gue­rri­llero pienso más que nunca en ti, en mi padre, en mis her­mano tan queridos!

Voy a la gue­rra por la ale­gría, por mi patria, por el amor que te tengo, por todo en fin. No me guar­des ren­cor si algo me pasa. Yo hubiese que­rido vivir para agra­de­certe lo que has hecho por mí, pero no podría vivir sin ser­vir a mi pue­blo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, y tu me criaste hon­rado y justo, amante de la ver­dad, de la justicia.
Por­que sé que mi patria cam­biará, sé que tú tam­bién te halla­rás dichosa y feliz, en com­pa­ñía de mi padre amado y de mis her­ma­nos. Y que mi vacío se lle­nará pronto con la ale­gría y la espe­ranza de la patria.
Te besa
Tu hijo
Javier

CARTA DEL PADRE AL ASESINATO DEL POETA
Lima, 23 de Mayo de 1963
Sr. D. Pedro Beltrán
Director de "La Prensa"
Ciudad

Muy distinguido señor:
Le agradecería tuviera a bien disponer se publicara la declaración que formulo con referencia a los sucesos ocurridos en Puerto Maldonado en donde perdiera la vida mi hijo el poeta Javier Heraud Pérez.

El sacrificio de mi hijo Javier ha sumido a mi familia en el más profundo desconsuelo, tanto por la forma como ha desaparecido como por la pérdida de una promesa para la cultura y el pensamiento de mi patria.

Nosotros sabíamos que nuestro hijo Javier estaba hondamente preocupado porque aspiraba a tener una vida útil y creadora. Lo prueba sus libros de poemas, pero nunca supimos que él pensara, al irse a Cuba, en otra cosa que estudiar cinematografía. Por eso las noticias de Puerto Maldonado nos fulminaron, y yo fui al lugar de los hechos porque me resistía a creerlos. Allí tuve la trágica certidumbre de la muerte de Javier. Pero mi pena, con ser insondable, se ha agrandado más aún al saber que mi hijo, que había ido allá urgido por un ideal, arrostrando los más graves peligros con el. más absoluto desinterés, había sido víctima de una cacería inhumana. Cuando, inerme en una canoa de tronco de árbol, desnudo y sin armas en medio del río Madre de Dios, a la deriva, sin remos, mi hijo pudo ser detenido sin necesidad de disparos, más aún por cuanto, su compañero, había enarbolado un trapo blanco. No obstante eso, la policía y los civiles a quienes se azuzó les disparaban sobre seguro, desde lo alto del río, durante hora y media, inclusive con balas de cacería de fieras.

Cuando el compañero de mi hijo gritó: "no disparen más", estando ya cerca de la ribera desde donde les disparaban, y según versiones orales que he recogido en la población un capitán gritó: "fuego, hay que rematarlos". Un teniente, más humano y más respetuoso de las leyes de la guerra que prohiben disparar contra el enemigo ya inerme y herido, contuvo el fuego, pero ya era tarde . Una bala explosiva había abierto un boquete enorme a la altura del estómago de mi infortunado hijo y muchas balas más se habían abatido sobre el cadáver de mi hijo, que con sus 21 años y sus ilusiones, había tratado de hacer una incitación para que cesen los males que, según él, debían desterrarse de nuestra patria
Las leyes de Guerra prohiben el empleo de balas explosivas. Ya se ha desterrado definitivamente de las prácticas el ensañamiento con el vencido. Y las leyes humanas y sociales impiden soliviantar a los civiles para abrumar al vencido. El Perú, que siempre en la guerra fue tan generoso como Grau con sus adversarios, habrá de mirar con unánime repulsa estos graves hechos y es de desear, para que no se abra un sombrío e impune antecedente de crueldad que podría no cerrarse nunca, se haga cumplir sanción y justicia al desatado furor fratricida que ha tenido como escenario un claro río de nuestras montañas y como víctima a un mártir adolescente traspasado de ideales generosos.

Para nuestra familia, sin distingos, nuestro Javier es el símbolo de la pureza y del sacrificio.

De Ud. Muy atentamente.

JORGE A. HERAUD CRICET

MENSAJE DE PABLO NERUDA

Julio de 1963
Universidad de Chile
ISLA NEGRA, Juliio de 1963

He leído con gran emoción las palabras de Alejandro Romualdo sobre Javier Heraud. También el valeroso examen de Washigton Delgado, las protestas de Cesar Calvo, de Reinaldo Naranjo, de Arturo Corcuera, de Gustavo Valcárcel. También leí la desgarradora relación de Jorge A. Heraud, padre del poeta Javier.

Me doy cuenta de que una gran herida ha quedado abierta en el corazón del Perú y que la poesía y la sangre del joven caído siguen resplandecientes, inolvidables.

Morir a los veinte años acribillado a balazos “desnudo y sin armas en medio del río Madre de Dios, cuando iba a la deriva, sin remos...” el joven poeta muerto allí, aplastado allí en aquellas soledades por las fuerzas oscuras. uestra América oscura, uestra edad oscura.

No tuve la dicha de conocerlo. Por cuando ustedes lo cuentan, lo lloran, lo recuerdan, su corta vida fue un deslumbrante relámpago de energía y de alegría.

Honor a su memoria luminosa. Guardaremos su nombre bien escrito. Bien grabado en lo más alto y en los más profundo para que siga resplandeciendo. Todos lo verán, todos lo amarán mañana, en la hora de la luz.

Pablo Neruda

CARTA DE NICOLAS GUILLEN

19 de Julio de 1963

UNION DE ESCRITORES Y ARTISTAS DE CUBA

Habana, 19 de Julio de 1963
Año de la Organización

Sr. Gustavo Valcarcel,
Lima, Perú
Querido Gustavo:

Te escribo para expresarte nuestra, viva pena por la muerte de Heraud, su holocausto a la revolución peruana.

Aunque él estuvo en Cuba, no tuve 1a suegra de conocerlo entonces, porque no coincidimos aquí. pero quienes lo trataron - jóvenes cubanos que hoy lo lloran- lo quisieron como hermano, pues fraternal era su corazón tanto como lúcida su inteligencia. Dicen que Él prometió volver y sus compañeros lo esperaban. Prefirió quedarse e inscribir su nombre junto a los mártires de la liberación de su pueblo, que nada podrá detener. Sangre pura y generosa la suya, sangre que va a crecer cada día y terminará ahogando a quienes la derramaron. Siempre ha sido así siempre ha de ser así.

En mi nombre y en el de nuestra querida Unión, donde la muerte de Heraud ha sido conmovedora. te envío nuestros sentimientos solidarios con el dolor, que a ustedes aflige, que es también nuestro, tú lo supones, tú lo sabes. Los asesinos da este muchacho puro - no quienes lo mataron con sus manos irresponsables - sino los otros, los que mandaron que lo mataran, están mucho más muertos que él, o no, son en realidad los únicos que han muerto.

Por ahora nada más, sino nuestro cariñoso recuerdo y un abrazo fuerte y largo.

Te quiere

Nicolás Guillén.

En el siguiente enlace pueden encontrar fotografías de Javier Heraud en diferentes situaciones:
Fotografías de Javier Heraud Perez

sábado, 14 de mayo de 2011

Javier Heraud: entre el fuego y la ternura

Juan Cristóbal
Esbozo biográfico

Tenía apenas 21 años, cuando un 15 de mayo de 1963 pasó a la inmortalidad, al ser acribillado, con balas que sirven para cazar animales, por la Guardia Civil, en un río de Puerto Maldonado, a pesar de haber estado agitando una bandera blanca desde una canoa, cuando había ingresado al Perú y deseaba iniciar la revolución, desde su militancia del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

En él se dio la figura del hombre que lucha incansablemente por sus ideales y la del poeta admirado que ya había ofrecido un caudal de poemas admirables. Sus versos, a pesar de ser sencillos, eran hondos y gravitantes. Reflejaban inquietudes de los más profundos sentimientos, especialmente de justicia. A pesar de su juventud, la obra que nos legó sigue causando admiración y respeto, tanto por su ternura cuanto por su estilo acabado. Su poesía es límpida y transparente. Puede parecer simple, pero es grave y compleja. Los temas centrales de su poesía son: el río, el otoño, el hogar, la naturaleza, la muerte, que siempre la trata de una forma conmovedora, cercana y familiar. Son inolvidables esos versos: “Yo no le temo a la muerte / pero algún día / moriré entre pájaros y árboles”. Y asi fue como murió. Como la mataron.

Esa admirable madurez se explica por su constante preocupación de mantenerse en contacto con la literatura no solo peruana sino del mundo. Apreciaba la calidad, entre los peruanos, de Vallejo, Westphalen, como la de Neruda, Eluard, Keats, Shélley, Antonio Machado, entre otros.

Los pocos años que tenía no fueron obstáculo para su ingreso a la Universidad La Católica, en donde fue asistente de cátedra a los 17 años. Posteriorme, asumiría la responsabilidad de ser profesor de inglés en el colegio Guadalupe.

Los amigos lo recuerdan como un joven sencillo, bueno, con alma de niño, que sabía lo que significaba la amistad. Era alegre y juguetón, pero de carácter fuerte al que le indignaba la injusticia.

En 1960 ganó el primer premio, junto con César Calvo, en el concurso “El Poeta Joven del Perú”, convocado por la revista Cuadernos Trimestrales de Poesía, de Trujillo, dirigida por Oscar Corcuera.

El 20 de julio de 1961 viaja a Moscú, pasa a Asia, luego a Paris y Madrid. En 1962 se va a Cuba a estudiar cine.

En vida publicó “El río”, “El viaje”, Dejó poemarios inéditos como “Estación reunida”, “Poemas de la tierra”, “Viajes imaginarios”, “Poemas dispersos”. Su nombre de combate fue “Rodrigo Machado”.

El mensaje de JavierTal vez fue Lenin quien dijo, “En algunas épocas las mismas clases dominantes que asesinan a hombres que después pasan a tener un significado profundo de su patria, tratan de apoderarse de su memoria (como aves de rapiña) para confundir al pueblo haciéndose pasar como los realizadores de esos ideales por los cuales ofrendó su vida el combatiente”.

Y esto es lo que sucedió y sigue sucediendo con Javier, añadiendo además, para vergüenza de quienes lo hacen, que no solamente cometen la ignominia arriba mencionada de las clases opresoras, sino también entran en la conjura algunos compañeros de ideales y sueños. Por eso es importante rescatar a Javier y tantos otros héroes populares para que no aparezcan como los “románticos”, “los ingenuos”, “los aventureros” que abrazaron y abrazan “ideas extrañas”, porque eso es una farsa.

Es verdad que Javier fue un romántico (qué poeta, qué militante, qué guerrillero no lo es), un ingenuo (pero para decir, “del horizonte de uno al horizonte de todos”, como Paul Eluar), un aventurero (pero a la manera del Che, que exponía su vida por las ideas que enarbolaba). Pero de lo que se olvidan decir es que Javier fue un auténtico revolucionario, un hombre en toda la extensión de la palabra, que estuvo comprometido política e ideológicamente con la liberación definitiva de su patria, y no con meras reformas estructurales y nacionalistas.

Por eso, en los actuales momentos de nuestra vida política, el recuerdo y presencia de Javier adquiere un significado especial: persistir en la lucha por el auténtico socialismo, aun cuando sea desde las trincheras del desaliento o desesperanza. Porque lo que Javier y otros quisieron, no fue una bola menos pesada para el presidiario, ni una sociedad donde se maten (de hambre o de bala o se desaparezcan o destierren) obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales comprometidos. ni que se renuncie a la inevitable lucha de clases.

El recuerdo y presencia de Javier debe servir para guiarnos a producir acciones unitarias a favor de las grandes mayorías, que conduzcan al socialismo y al internacionalismo de nuestra patria latinoamericana, amenazada por el neoliberalismo salvaje y sus siempre protervos adalides como Vargas Llosa.

AddendaAlguna vez testimonié en un semanario diciendo: “A Javier Heraud –los amigos cercanos y los otros- lo hemos traicionado. Su legado político lo hemos olvidado, lo hemos echado al tacho de basura. Nadie (a excepción de Edgardo Tello) ha seguido su generosidad y lealtad, su mirada al porvenir y su entrega. Porque todos los de la generación del 60 nos dedicamos a posar, a hablar, hacer recitales, manifiestos, pero no a entregarnos a la lucha concreta y definitiva. Fuimos como una especie de dandys de la palabra y del gesto”. Y puedo añadir ahora: “Y después (especialmente con los tiempos del fujimorato), muchos otros lo volvieron a traicionar, ya claudicando en su pensamiento, ya pasándose al enemigo”.

Por eso, la muerte de Javier, para nosotros los poetas e intelectuales que deseamos servir a la historia, debe ser el punto de partida y el compromiso permanente con las mejores causas populares. Debe ser el testimonio heroico de la teoría y de la práctica, desde el lugar que nos encontremos. La afirmación de nuestras esperanzas. Debemos, pues ratificar, de manera permanente, que los ideales de belleza y lucha no son excluyentes, sino están en la misma línea de combate y por encima de todo tipo de interés. Y eso lo advirtió premonitoriamente Javier cuando dijo: “No hay que elevar las promesas futuras, si a la hora de la lluvia sólo tendremos el sol y el trigo muerto”.

La historia, inflexible como siempre, le ha vuelto a dar la razón a Javier, nuestro mejor paradigma de poeta y revolucionario. Y nos ha vuelto a poner a nosotros en nuestro sitio. De donde sólo podremos salir si mostramos entrega y vitalidad. Como él, cuando murió.
Lima, 2006, jueves 18 de mayo, Escuela de Folklore “José María Arguedas”

Les brindamos algunos poemas del joven poeta del Perú.

El río

Yo soy un río un río
un río cristalino en la mañana.
A veces soy tierno y bondadoso.
Me deslizo suavemente
por los valles fértiles,
doy de beber miles de veces
al ganado, a la gente dócil.
Los niños se me acercan de día,
y de noche trémulos amantes
apoyan sus ojos en los míos,
y hunden sus brazosen la oscura claridad
de mis aguas fantasmales.

Yo soy el río.
Pero a veces soy bravo y fuerte
pero a veces no respeto
ni a la vida ni a la muerte.
Bajo por las atropelladas cascadas,
bajo con furia y con rencor,
golpeo contra las piedras más y más,
las hago una a una pedazos interminables.
Los animales huyen,
huyen huyendo cuando me desbordo
por los campos, cuando siembro
de piedras pequeñas las laderas,
cuando inundo las casas y los pastos,
cuando inundo las puertas y sus corazones,
los cuerpos y sus corazones.


Palabra de guerrillero

Porque mi patria es hermosa
corno una espada en el aire,
y más grande ahora y aun
más hermosa todavía,
yo hablo y la defiendo con mi vida.
No me importa lo que digan
los traidores,
hemos cerrado el pasado
con gruesas lágrimas de acero.
El cielo es nuestro,
nuestro el pan de cada día,
hemos sembrado y cosechado
el trigo y la tierra,
y el trigo y la tierra
son nuestros,
y para siempre nos pertenecen
el mar
las montañas y los pájaros.

Arte Poética

En verdad, en verdad hablando,

la poesía es un trabajo difícil
que se pierde o se gana
al compás de los años otoñales.

Cuando uno es joven
y las flores que caen no se recogen
uno escribe y escribe entre las noches,
y a veces se llenan cientos y cientos
de cuartillas inservibles.
Uno puede alardear y decir
“yo escribo y no corrijo,l
os poemas salen de mi mano
como la primavera que derrumbaron
los viejos cipreses de mi calle”)
Pero conforme pasa el tiempo
y los años se filtran entre las sienes,
la poesía se va haciendo
trabajo de alfarero,
arcilla que se cuece entre las manos,
arcilla que moldean fuegos rápidos.
Y la poesía es
un relámpago maravilloso,
una lluvia de palabras silenciosas,
un bosque de latidos y esperanzas,
el canto de los pueblos oprimidos,
el nuevo canto de los pueblos liberados.
Y la poesía es entonces,
el amor, la muerte,
la redención del hombre.

Madrid, 1961 – La Habana, 1962

viernes, 13 de mayo de 2011

Recordando al Gran Poeta Max Dextre




Max Dextre, nació en Lima el 13 de abril de 1936 y murió el 28 de marzo de 1998. Poeta nacional, periodista cultural y conferencista, vivió gran parte de su vida en Chiclayo y Lambayeque, adoptando a esta última ciudad como cuna natalicia. Poseedor de una lírica de extraordinaria fuerza y esencialidad, su producción poética la resumió en una solo obra: La Nave de Orión, que renovó y publicó hasta en 6 ediciones, los años 1982,1985, 1988, 1991, 1994, 1997.La última edición está dividida en tres partes: siete poemas de verso libre, sesenta haikús, y veintitrés poemas de verso libre; noventa creaciones de extraordinaria fuerza y esencialidad. La poesía de Max Dextre, disidente, crítica, es una lectura reveladora del mundo, y va dirigida contra una moral colectiva prepotente e hipócrita. Con lucidez e intuición poética encarnó a través del lenguaje a seres marginales y desposeídos. Cantó a su ciudad y su historia, e introdujo en el medio lambayecano el haikú japonés, brevísima composición poética, atractiva por su capacidad de síntesis e iluminación.

He aquí un poema de su inspiración de éste gran vate de corazón lambayecano.


A mi Madre le decían loca,
pero no era loca, era profesora.
Hablaba diferente.
Decía: "Los ojos sirven para escuchar".
Yo tenía diez años de edad.
Un niño no comprende el lenguaje vertical

y pensaba que quizá mi madre era loca.
Cierta vez me armé de valor y le pregunté:
¿Con qué miramos?

Mi madre me respondió:
"Con el corazón".

Cuando mi madre se levantaba de buen humor cantaba:
" Hoy me he puesto mi vestido de veinte años".
Yo sabía que no tenía veinte años y la miraba, nada más.
¿Qué puede hacer un niño, sino escuchar?

Si mi madre estaba triste decía estar vestida de niebla.
" Hoy tengo ochenta años" -dijo-, cuando desaprobé un curso.

Al fin pude terminar la educación primaria.
El día de la clausura llegó tarde.
Se disculpó diciendo: "Hijito, me demoré
porque estuve buscando mi vestido de Primera Comunión,
¿No ves mi vestido de Primera Comunión?".
Miré a mi madre
Y no estaba vestida de Primera Comunión.

Después tuvo ese accidente fatal.
Me llamó a su lado, cogió fuerte mis manos y dijo:
"No tengas pena, la muerte no es para siempre" .

Pensé: mi madre no se da cuenta de lo que habla.
Si uno muere es para siempre.
Era niño y no entendía sus palabras.
Ahora tengo cincuenta años
y recién comprendo sus enseñanzas.
Sí, Madre. Podemos tener 20 años
y al día siguiente ochenta.
Todo depende de nuestro estado de ánimo.
Los ojos sirven para escuchar
porque debemos mirar con atención a quien nos habla.

Para conocer la realidad esencial de una persona,
tenemos que mirarla con el corazón.
la muerte no es para siempre,
sólo muere lo que se olvida
y a mi madre la recuerdo porque la quiero.
Ahora -en sueños platicamos-
nos reímos de su método de enseñanza.
Aprendí a mirar con el corazón.
Una noche me dijo:
"He notado que te molestas
si tus amigos te dicen loco y eso no está bien.
Es natural que el hijo de una loca sea loco".
Entonces -por primera vez
-repliqué a mi madre y le dije:
"Madre, te equivocas,
no siempre el hijo de una loca
tiene que ser loco; a veces es poeta".

Por eso puedo decir con orgullo:
"A mi madre le decían loca,
pero no era loca, era profesora.
Me enseñó a descubrir la vida después de la muerte"

domingo, 8 de mayo de 2011

La "otra" Literatura Ferreñafana

Por William Smith Piscoya Chicoma

Desde los tiempos precolombinos y, aún antes, muy al principio de la historia de nuestros pueblos, una literatura oral -cimentada en la religión, la magia y las más reales e inverosímiles existencias humanas y sobrehumanas-, ha estado en persistente tránsito de viaje por épocas y sucesos que, después de algunos miles de años, han llenado de historias y canciones la vida de este continente propicio y único.

Todos los pueblos de esta latitud, desde sus épocas más remotas, guardan sinnúmeros de narraciones y canciones con acaecimientos y personajes que van desde los más simples y naturales, hasta los más complejos y misteriosos: toda una gradación de textos verbales que nos muestran, en el caso de nuestro país, un universo vasto de realidad y ficción, los cuales, ciertamente, sorprenden al mundo por su peculiarísima diversidad y sus grandezas históricas y literarias. Particularmente, la tierra ferreñafana es, dentro del contexto lambayecano, el lugar donde la tradición oral ha producido, tal vez, el referente más legítimo y substancial de literatura oral, en virtud, probablemente, a la tradición oral procedente de las dos zonas cordilleranas de esta provincia: los distritos de Kañaris e Inkawasi.
Esta “otra” literatura ferreñafana, que se funda en el temperamento histórico y el realismo maravilloso de nuestras primitivas sociedades, y que se ha transbordado a través de los siglos por la tradición oral local, nos ha legado un rico y enigmático compuesto de piezas líricas y narrativas -canciones, poesías, fábulas, leyendas y mitos-, que todavía yerran en los conciliábulos de labriegos y pastores, allá, en las profundidades más agrestes de nuestra serranía ferreñafana. Gran parte de ella, gracias a la comisión y seriedad investigativa de estudiosos y artistas, propios o foráneos, ha sido acopiada en libros y otros materiales impresos y, hoy, ha conseguido la difusión meritoria de su importancia literaria y cultural en general.

Dentro de aquella progresión de obras, que recogen la admirable literatura oral de la tierra llamada De la Doble Fe y, específicamente, del ámbito de Kañaris, se cuentan, entre las más originales y significativas: Ninamasha y Pachcamc, Pachcamc y el viento y El viento de Jottapetej, o el conflicto, temporalmente resuelto, entre estas tres entidades divinas de la gentilidad andina, que, de muchos modos, simboliza la eterna lucha del juicio contra la sinrazón, de la verdad contra la falsedad, o sea, la antiquísima y universal guerra del bien contra el mal -como ya se sabe, de honda raigambre en las literaturas de todas culturas del mundo de todos los tiempos-; los relatos El cerro de Kutilla y Qasay Rumi, que registran la historia de los cerro dadores de fortuna y buen clima, que actúan con cierta conciencia de la moralidad y la ética humanas; los mitos: La huaca Jorotshko, El espíritu del cerro Angash y El encanto del cerro Huanta, La laguna encantada de Quirichima, La laguna encantada de Shin Shin, y El encanto del cerro con cruz; las leyendas: El antiguo templo y El origen de las campanas del antiguo templo, dos cuentos cañarenses que refieren el origen del templo principal del distrito Kañaris y su famosa campana, pero, sobre todo, reseñan el inicio de la antigua veneración a San Juan, sagrado patrón de esta comunidad altoandina ferreñafana; igualmente, El fraile de la huaca Jorotshko y Los monolitos de Congona, dos relatos de una trilogía legendaria auténticamente congoniana, donde el enigma de una huaca, muestra el deseo de justificación de una fe idólatra y la historia de unas piedras sagradas; Aya Rumi y Nina Rumi, que despliegan el relato de un par de piedras fabulosas, y aparentemente extintas, retoman la visión fanática de la tradición oral kañarense con el fondo del ya avistado trance entre el dios y el demonio, pero, esta vez, representado con la batalla de los espíritus de algunos guerreros históricos, cuyas facultades sobrenaturales infestan de males las precarias vidas de los pobladores, sólo a salvo por intersección de las artes brujeriles de adiestrados “maestros”; El túnel de Angash, La vasija de oro, El rapto de la criandera y El toro encantado de Angash, son tradiciones locales que amplían la presentación de la visión cosmogónica andina, y que van a determinar las actitudes y los comportamientos del poblador montañés frente a la vida, la muerte y la naturaleza en colectivo. En todas ellas, los elementos del entorno -la lluvia, el calor, la tierra, el cielo, las bestias, el hombre, etc.-, llenan de cierta atmósfera de irrealidad y encantamiento que, en verdad, son simbolismos propios de la cosmovisión andina, influenciados, apenas, por algunos pocos componentes de la cultura occidental. Son, también, relatos que exhiben el asunto del génesis de los pueblos, particularmente, de aquellos pertenecientes a la zona de Kañaris, los llamados Cuatro Historias de Pandache -que guardan los relatos: Origen de Pandache, La peña del oso, La leyenda de Joriloma y la Leyenda de Apaypetej y Suruyaco-; de igual contenido, son textos notables, las leyendas: Dos historias de cerro Tunas -conformadas por: La ciudad del cerro Tunas y Las botijas de Tunacerca-; las Dos leyendas del cerro calabozo -comprendidas, a su vez en: Las bolsas del dinero y Las serpientes guardianas-; otras, de características temáticas variadas, son: El duendecillo, La historia del camino, Las piedras de la serpiente, La piedrita del alcalde y Mamahuaca.

Igual de famosas y, por supuesto, de estupendo arraigo en la tradición oral lambayecana, pero, en estos casos, típicamente inkawasinas, son las narraciones: Acâkay o la universal historia del ogro espeluznante o la bruja espantosa, abominables y antropófagos, que van imponiendo -por los caminos, las calles y los lugares más distantes y desolados- el miedo, el terror y la muerte; Juan Puma, que narra la historia del macho híbrido -cruce del humano con la bestia, de naturaleza demoniaca y cuya llegada acarrea vergüenza, dolor y muerte en el pueblo-; Tirulutintinku y Waychawan surru -par historias legendarias con el zorro como personaje central, que narran, llenas de humor, picardía y no profusa magnanimidad, la popular historia del “zorro tonto”, de amplia difusión en la literatura occidental (con su presencia desde las tradiciones medievales europeas, con Caperucita roja, de Charles Perrault, como arquetipo axiomático), aquel que, bajo el engaño y la burla, padece los rigores del abandono, el hambre, el frío, las palizas y hasta la propia muerte-; Lluychuwan surru o la historia del “zorro andino” -donde el célebre canino, a diferencia de su par occidental, debe su popularidad y prestigio a su espíritu sobrio e inquieto, su carácter festivo y bienhechor y la agudeza de su inteligencia extraordinaria, pero, sobre todo, a su astucia sobrenatural y su sagacidad sorprendente: siempre será él quien eluda los peligros y ayude a los apesadumbrados, domine los elementos de la naturaleza y doblegue a la adversidad, burlando a la maldad, la contingencia, la enfermedad, la muerte, y triunfe, definitivamente, en su inmortal enfrentamiento con el animal ruin, el hombre inicuo o el componente conspiratorio de la naturaleza, representaciones del humano poderoso, abusador y explotador del pueblo-; y otras más de estas piezas singulares de la tradición oral lambayewcana son: Yacapa, Qishpisirka, Kulebrawan warmi, Allquwan warmi, Chikchipa parlun, El cerro de Kutilla, etc.

La música, el canto y la poesía, constituyen formas expresivas artísticas de profundas raíces en el espíritu creador del poblador andino ferreñafano, y aunque para su estudio e interpretación son plausible de división en sus concepciones temáticas, estilísticas y estructurales, sin embargo, en su expresión interpretativa esencial, resultan de naturalezas indivisibles, por aparecer indistintas en sus propias composiciones. Muestra de esta aserción son: Kañaritaki, Inkawasitaki, Jankitaki, Uyurpampataki -formas de danzas y cantos, típicos de los pueblos de Kañaris, Inkawasi, Janque, Uyurpampa y otras comunidades, que se ejecutan luego de cumplir determinadas actividades propias de nuestros pueblos andinos (techado de casas, limpia de acequias u otras labores domésticas o agrícolas) y donde, como es previsible, se muestra el espíritu comunitario, solidario, dicharachero, del hombre y la mujer serranos-; Kinranpinkullu, Lanchipinpinkullu, temas singulares y representativos de la tradición musical de la sierra ferreñafana, mezcla de canto, música y lírica, donde los prototipos, usos, ideologías, idiosincrasia de la cultura norteandina se privilegia como eje tematizador y transversal, y donde el hombre andino expresa su emoción y entusiasmo, llevados al paroxismo de su goce con la tierra, con su experiencia existencial y su fe en la vida más allá de la muerte, es decir, de su tan ambicionada trascendencia; y, finalmente, los dos más famosos ceremoniales: Jaynayu y mishukasharu, textos sacramentales de amplio dominio en el universo religioso inkawasino y que, como canciones, se interpretan en honores al niño Jesús y otras santidades cristianas, pero, fundamentalmente, como loa a la Virgen de las Mercedes, Patrona del pueblo de Inkawasi.

Aunque, como ya lo explicáramos anteriormente, una considerable parte de esta “otra”, primordial, esencial, literatura de los ferreñafanos, aún continúa dispersada en el devenir de las colectividades de nuestra serranía -y, en muchos casos, conservada en su cualidad más original e íntegra-, una gran parte de ésta ya es édita en textos escolares, libros y otras publicaciones de autoría individual o colectiva, y se instituye como material importantísimo y de estupendo valor aportativo para la nomenclatura de la literatura tradicional local, regional y nacional. Entre los autores de estas selecciones, recopilaciones, colecciones, antologías, etc., presentadas en lengua vernácula o de traducción al español, destacan: Hipólito, Evaristo y José Cajo Leonardo y Cronwel Cajo Calderón -como institutores de la corriente recogedora y traductora-; Joaquín Huamán Rinza (o Juan Congona), Luis Cajo Chunga, Javier Hoyos Medrano, Marcial Huamán Sánchez, Armado Sánchez Céspedes, Agapito Calderón Manayay, Víctor Vilcabana Sánchez y Cruz María (o Marycruz) Pantoja Mori -como la generación intermedia de autores y recreadores-; y como la nueva serie de autores-investigadores: Oscar Bernilla Carlos, María Cristina Calderón Manayay, Francisco Lucero de la Cruz, Pedro Quispe Rodríguez, Martín Sánchez Purihuamán, Libia Sánchez Céspedes, Francisco Elmer Efus Linares y Florencio Huamán Rinza.

Ferreñafe, 3 de mayo de 2011.

sábado, 7 de mayo de 2011

La Poesía rinde Homenaje a la Madre

El próximo 8 de mayo se celebra en nuestra patria el DIA DE LA MADRE, y desde esta trinchera le queremos rendir con gran júbilo y emoción un merecido homenaje a la madre de nuestro pueblo, y en especial a las madres docentes del sesquicentenario Colegio Nacional de "San José" de Chiclayo, para aquellas madres que cumplen una doble función dentro de ésta sociedad: la que administra el hogar y cuida de los hijos y la que al mismo tiempo tiene una jornada laboral, la que sale a las calles a ganar unos cuantos soles para poder alimentar a sus vástagos.

Queremos rendirle un homenaje con grandes poemas de autores peruanos, quienes expresan con profundo sentimiento, el amor a las madres del mundo, ser que merece nuestro respeto y admiración. He aquí la poesía para las madres de nuestro querido pueblo.


MADRE PROLETARIA

Arrastrando miseria en tu camino
vagas madre en el mundo con tu pena,
arrastrando ese sello que el destino
en la vida te ha puesto de cadena.

Tú, que luchas y sufres sinsabores,
tú, que llevas del paria la pobreza,
sollozando yo canto tus dolores
mi plegaria va a ti con mi tristeza.

Porque miro la arruga que en tu frente
representa lo mucho que has sufrido,
porque miro que siempre indiferente
sepultas tu dolor en el olvido.

Me entristece pensar que viene el día
consagrado a las madres, y tú que eres
en el mundo la imagen de María,
la bendita entre todas las mujeres,

no recibas regalos de opulencia
como el iris de ricas pedrerías,
porque en ti todo se ha hecho diferencia,
diferencia también . . . hasta en tu día!

Y al llegar el alegre Diez de Mayo
cuando tu hijo no tenga que ofrendarte
palpitará de su esperanza el rayo
al pensar que le queda para darte:

la flor del corazón, la flor humana,
que él mismo en arranque de tristeza,
besándola ornará tu testa cana
cual tributo de amor en la pobreza.

Y por eso te ensalzo proletaria,
porque nunca has sabido de alegría,
porque tú eres la madre de los parias,
porque tú eres la imagen de María . . . !

Felipe Guzmán Toscano. Abril de 1949

miércoles, 4 de mayo de 2011

En el mes de Abril pasaron a la inmortalidad grandes hombres de letras

Los últimos días de abril han sido realmente crueles: en una sola semana han muerto el extraordinario narrador y ensayista peruano Carlos Eduardo Zavaleta, el gran poeta Chileno Gonzalo Rojas y Ernesto Sábato, narrador, ensayista, físico, pintor, defensor de los derechos humanos.
La crítica nos debe una interpretación de la vasta obra de Zavaleta, quien es, según mi arriesgado parecer, el cuentista mayor de nuestras letras, nutrido como estaba por la experiencia múltiple del Perú: su padre, como el padre de Gabriel García Márquez, era telegrafista, y esto condujo a la familia a una vida trashumante y cercana a los muchos mundos del país. A lo mejor su condición de profesor sanmarquino y sus ideas progresistas han impedido el reconocimiento que merece.
Gonzalo Rojas es un creador fuera de serie, y eso es decir mucho en un país que al mismo tiempo procreó a Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Pablo de Rokha. Rojas era hijo de minero, y su poesía parece arrancar con las manos la palabra encerrada en la roca del vivir. En su libro Contra la muerte hay más de un poema dedicado a César Vallejo. Hace pocos años declaró que Vallejo seguía siendo el mejor poeta vivo de América Latina.
En 2003, Rojas recibió el Premio Cervantes. Dos años después, el Fondo de Cultura Económica de México editó Duotto, canto a dos voces compuesto por Rojas y el pintor Chileno Roberto Matta. Con ilustraciones espléndidas, a color, y versos hasta entonces inéditos, el libro es una joya. Sólo como muestra cito un fragmento del poema “Los verdaderos poetas son de repente”:

“Los verdaderos poetas son de repente:

nacen y desnacen, dicen

misterio y son misterio, son niños

en crecimiento tenaz…”.


Al partir al viaje sin regreso, Gonzalo Rojas tenía 93 años.Ernesto Sábato, por su parte, iba a cumplir 100 años el próximo 24 de junio. Temprano inició una peripecia intelectual y social, típica de la intelectualidad latinoamericana de entonces. Después de un breve activismo anarquista, se hizo comunista. En 1933 fue elegido secretario general de la Federación Juvenil Comunista. En 1934 expresó dudas sobre el régimen instaurado por Stalin en la Rusia soviética. En vista de eso, el PC argentino lo becó por dos años en las Escuelas Leninistas de Moscú, pero él se refugió en París.En 1938 se doctoró en Física en la Universidad Nacional de La Plata. Trabajó enseguida en el Laboratorio de los esposos Curie en París. De entonces arranca su cercanía con el movimiento surrealista y su entrega a la literatura y a la reflexión filosófica.En 1983 y 1984 presidió la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas, cuyo trabajo se resumió en el libro Nunca más, que sirvió de base para enjuiciar a los verdugos militares. Argentina vibró entonces con el trabajo y la palabra de Sábato.

jueves, 21 de abril de 2011

CAMINO AL SUR: El compromiso de la Literatura. La acción ligada a la palabra. Por Esteban Fauret*

ARGENTINA-Pehuajó: Hoy, 21 de marzo, es el día Internacional de la Poesía. Divago en la melancolía de la tarde y la nostalgia echa un sudario casi otoñal sobre mi espacio, reducido a una pantalla de PC y un teclado sobre el cual mis dedos se mueven un poco vacilantes en medio de una creciente urgencia por escribir.

Hoy, el mundo estará igualado astralmente, no habrá hemisferio sur ni hemisferio norte en esta conjugación de solsticios y equinoccios; hoy el día tendrá el mismo espacio que la noche; la magnitud escalar del tiempo tenderá una simétrica proporción entre el reino del sol y el de la luna y las estrellas. Y es el día de la poesía.

A partir de aquí, habrá poetas que le canten a las hojas caídas y otros a las ramas florecientes; la inspiración dará nuevos perfiles de observación del paisaje y las golondrinas harán primavera u otoño en los trazos de los versos en todo el mundo, la Avión pilmaiquen , weshulken , mbiyui , hirondelle , hirundo , schwalbe , andorinha , swallow , etc, encabezadas por Progne , convertida en una de ellas por los dioses griegos, se irán llevándose sueños o volverán a colgar sus nidos en balcones. Y los poetas cantarán porque es el día de la poesía.

Y en esta igualdad efímera del tiempo, emparejando a los seres humanos iluminados por el mismo sol o las mismas estrellas, se me ocurre reflexionar al amparo de una experiencia vívida, que aún recorre por los laberintos interiores tomando energía a medida que transita por ellos. Es que el Encuentro Internacional de Poetas del Mundo “Camino al Sur”, sirvió para afirmar un aspecto esencial que manifiesta que el planeta tiene una terrible desigualdad la cual, a espaldas de los poetas, produce una devastación tanto natural como espiritual, ambas mortales, que es necesario que nos demos vuelta para mirar de frente y decir que asumimos el compromiso de la acción unido a la palabra para luchar en defensa del atropello y liberarnos del sometimiento que ya se ha expandido a todos los frentes y con más sutileza. Ya es tiempo de literatura con compromiso.
El notable escritor uruguayo Mario Benedetti, decía que la poesía es 'un altillo de almas', un 'tragaluz para la utopía' y 'un drenaje de la vida/ que enseña a no temer a la muerte', palabras que todo poeta o escritor conoce muy bien, porque todo poeta o escritor es ineludiblemente un libre pensador sobre la vida, un temible observador de la realidad, un aventurero en constante búsqueda de la verdad que lo lleva a ser un acusador de la injusticia y un exigente reclamador de equidad. Es la voz de la rebelión del espíritu.

En la expresión existencialista del autor de las palabras que dan inicio a esta nota, Jean Paul Sastre, ya se deja en claro el concepto de la misión del poeta o escritor que debe necesariamente seguir en forma sistemática el ¿Qué es?, el ¿Por qué?, el ¿Para quién?, para clarificarse que debe asumir un compromiso en el momento que le toca vivir, para desarrollar una función superlativa al hecho propio de la creatividad y transformarse en soldado de su época valorando la creación en función del resultado que la misma produzca en la causa que asuma. En pocas palabras, la literatura se manifiesta plena y el referente de ella adquiere vigor cuando se está al servicio de la comunidad, especialmente cuando en estos tiempos, las sutiles formas de dominación del enemigo del planeta y de los sueños adquieren fuerza inusitada. Por supuesto, dejo la salvedad propia que “viendo” el futuro que se avecina se incurre necesariamente en el compromiso.

No hubo espacios para mirar el paisaje en este periplo de 3500 km. rumbo al sur, solo fugaces momentos imposibles de soslayar por la belleza, que surgían en medio de cavilaciones, meditación y el estremecimiento de estar abordados por un contexto que poco a poco nos fue absorbiendo plenamente hasta demostrarnos una realidad sobre la que hoy estoy escribiendo, que nos hizo “ver” que no estábamos allí para ver los hermosos lagos, los volcanes nevados y humeantes, las interminables hileras de árboles al costado de la autovía, los montes frondosos, el Pacífico y aún el increíble fulgor de las estrellas de Curarrehue. Todo ello constituyó un paisaje secundario que se fue diluyendo en una realidad mucho más esencial, porque no es fácil entrar a un Penal, soportar la hipócrita sonrisa de un Director intentarnos mostrarnos que lee y aprecia la cultura y estar al lado de un chico de 25 años sobre el que pesa un pedido de condena de 85 más, sin un homicidio, atentado, o algo que justifique un solo día en ese lugar. Solamente la defensa de su territorio “como lo hace cualquier animal que se siente acorralado”, según expresaba Luís, otro de los tres presos mapuches en similares circunstancias que pudimos visitar en ese tétrico edificio de Temuco. Porque no es fácil, estar viendo la desesperación de pobladores, como en Panguipulli, cuando en una escuela un Director y un Concejal, junto a otra gente del lugar mostraban el nerviosismo y la impotencia de futuros despojados de un paisaje imponente que primeramente era su habitat, su casa, su tradición, y que va a ser avasallado sin al menos un dejo de admiración por esa singular belleza, propicio para la instalación de mega represas y mil km. de supertorres de conducción eléctrica. Porque no es fácil estar frente a soberbias palabras [y valga la expresión], de jefes de comunidades mapuches que las extraían naturalmente de su espíritu con la simpleza y la sencillez de decir solamente lo que hay que decir, sin adornos políticos ni proselitistas. Porque no es fácil apreciar que la cultura es el arma fundamental que están empleando para la resistencia y no conmoverse de pensar lo poderosa que es manejada con convicciones.

Cómo no pensar entonces en el compromiso de los grandes de la literatura de la historia de este mundo, enfáticos denunciantes de las realidades injustas, como Tolstoi, Dotoievsky, García Lorca, y miles de ellos con notable calidad literaria, pero mejor compromiso de lucha a través de las palabras, sin entrar en la historia sombría que enlutó la cultura latinoamericana especialmente.
Hoy tenemos un espacio de compromiso propicio para desarrollar la acción, porque son cada vez más los poetas y escritores que ya no cantan solamente a las hojas del otoño y al florecer de las ramas de la primavera o a la migración de las golondrinas. Tenemos cada vez más, agrupaciones de poetas y escritores que se suman a la contiendan con las convicciones a las que apuntaba en este comentario. Se suman para salvar el medio ambiente; se suman para generar conciencia de las injusticias; se suman para sumar voluntades que sin concientización de los peligros y de la amenaza que se cierne sobre la humanidad son fuerzas desperdiciadas; se suman porque somos quienes podemos herir profundamente con la palabra adicionada a la acción. Para luchar contra el desencanto que sumió en el mundo el postmodernismo que creó miles de escritores elitistas e individualistas.

Por ello. la ONG Poetas del mundo es un claro ejemplo de PALABRA – ACCIÓN.

Por ello, el Primer Encuentro Internacional de Poetas del Mundo “Camino al Sur”, ha marcado un camino esencial en muchos de los temas de raíz latinoamericana, que seguiré desglosando en futuras notas, para ir tomando conciencia del significado de la palabra COMPROMISO en la literatura.

Porque además, hay que tener FE, SUEÑOS, CREER que los cambios son posibles y sentar los principios de ¿Qué es escribir?, ¿Por qué escribir? y ¿Para quién se escribe?


Esteban Fauret
Pehuajó, Argentina

1 Araucano. .
2 Mapuche
3 Guaraní
4 Francés
5 Latín
6 Alemán
7 Portugués
8 Inglés
9 Según la mitología griega, hija de Pandión, Rey de Atenas, convertida por los dioses para escapar de su marido.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Gloriosa San Juan de la Frontera

Oh gloriosa San Juan de la Frontera
Aún se oyen las campanas de tu son
Aún se oyen el trinar de los clarines
Cual latidos de un solo corazón

Oh gloriosa ciudad de Chachapoyas
Guardas siempre en tus áridas praderas
Legado histórico de penas y de glorias
Luz de luces, erial de mil historias

Se oye el graznido a lo lejos el galope
De caballos adiestrados en el surco
Allí lucharon y murieron los valores
En las pampas legendarias de Higos Urco

Eres tú San Juan de la Frontera
Tierra de hombres y mujeres hermosas
Tierra de Huancas indómitos guerreros
Como Matiaza, los Kuelap y otros más

¡Ya es hora! … que despierten los leones
El letargo no puede continuar
Que se enciendan en los campos de Amazonas
Lumbrera incomparable de tu sol.

Que se canten más himnos de gloria
Y se olviden gritos de dolor
Que se emerja del fango escondido
La grandeza, la paz y el amor

Por. Oscar Salazar Arce, Poeta Amazonense
Del Poemario Vientos Huracanados

lunes, 24 de enero de 2011

ECOPOESIA SAN JOSE - 2010

Por William Piscoya Chicoma
Miembro de la Asociación Provincial de Poetas de Ferreñafe.

Con el título de Benjamines Sanjosefinos Cantándole a la Vida y al Planeta, con la denominación global de Ecopoesía San José 2010, y con el auspicio del Club de Leones Los Parques de Chiclayo y la Fiscalía de Prevención del Delito en Materia Medio Ambiental, Kathy A. Gonzáles Cruz y José R. Primo Bonilla -docentes del centenario y emblemático Colegio Nacional de San José-, acaban de publicar el resultado de un trabajo, ciertamente, relevante: el Primer Concurso de Poesía Ecológica (Ecopoesía 2010), realizado entre noviembre y diciembre del pasado año.
El mencionado evento literario realizó, en el sesquicentenario chiclayano, algo que ya no es muy habitual en nuestro tiempo: la participación, de los estudiantes de todos los Grados del Nivel Secundaria, en una competencia poética y -dicho sea con énfasis y suma complacencia- con temática muy especial: la ecología. Y es que, verdaderamente, en la actualidad, resulta muy difícil convocar a casi todo un colegio, de la dimensión del Coloso del Norte, en un torneo literario, específicamente, lírico, y -valor al mérito de los organizadores Kathy Gonzáles y José Primo, y de los docentes asesores- con orientación e intencionalidades eminentemente medioambientalistas. El resultado: un libro materialmente hermoso y, lo que es más afortunado aún, con la presentación de un conjunto de benjamines poéticos de grandes talentos que, desde ya, se constituyen como las nuevas y auspiciantes voces líricas de nuestro territorio lambayecano.

Benjamines Sanjosefinos es, desde el punto de vista de la promoción literaria, una flagrante realidad y, desde el ecologista, toda una promesa de movilización de conciencia medioambiental juvenil, que nos llena de ilusiones y nos instiga a creer, no sólo en la posibilidad del forjamiento de una nueva pléyade de poetas y escritores chiclayanos, sino, también, en el principio de un verdadero acontecimiento de cruzada por la protección de la naturaleza, de la magnitud que es importante generar en nuestros ciudadanos del hoy y del mañana. Por eso, en este trabajo -que congregó a la familia sanjosefina y al Club de Leones Los Parques de Chiclayo, básicamente-, se consigue, sobre todo, un fin fundamental: educar, a la sociedad lambayecana y nacional, en el amor por las entidades del espíritu y el valor de la defensa de nuestro planeta, modo sin precedentes en nuestro ámbito regional.

Benjamines Sanjosefinos -ya lo hemos referido-, consta de la recopilación -finamente realizada por Kathy Gonzáles y José Primo- de la presentación de los textos poéticos de los ganadores del concurso y, asimismo, de los más distinguidos de otros participantes. Y hay, en este libro, un par de aspectos muy bien definidos que es muy importante destacar: el aprobado manejo de la palabra poética, por un lado, y por otro lado, la competitividad creativa y la imaginación desplegada por sus pequeños autores. Prueba de ello son, sin ninguna duda, los textos ganadores, pero, de la misma manera, un gran número de los otros poemas de la compilación. Resultaría extendido, por no decir, improbable, hacer en una sola nota, el comentario crítico adecuado, conveniente, oportuno, de los textos de los benjamines líricos sanjosefinos, pero, la percepción caótica de un mundo industrializado y postmoderno, el daño irreparable de la mano del hombre sobre la creación, las consecuencias funestas para la supervivencia de los seres vivientes por acciones de profanación, corrupción y contaminación del hábitat, así como, -antagónicamente-, la protesta contra la inversión del proceso de surgimiento y desarrollo de las fuentes de vida, la identificación con los planes, propósitos y acciones a favor de protección del ecosistema, el canto a la paz, al equilibrio y la armonía del universo, la plegaria e invocación a Dios como salida a la situación crítica y la resolución problemática, y, en general, el grande amor por la naturaleza y la creación, son temas recreados muy emotiva e ingeniosamente en el nuevo libro, y constituyen -junto a los recursos de estilo, todavía incipientes, y al lenguaje sencillo y directo, pero no por eso, falto de creatividad y de lirismo-, el a merveille (¡a maravilla!) bona fide (de buena fe) de la joven poesía sanjosefina, que nos hacen tener la certeza de que, así como nuestro mundo, todavía tenemos la oportunidad de creer y tener otras nuevas y grandes oportunidades, para ser de nuestro planeta el lugar, la parte del universo donde poder vivir en congruencia con todo lo existente. Para los benjamines del San José y para todos aquellos involucrados en esta magnifica tarea, muchas felicidades, y que Dios y la Naturaleza os guarde.
Para ver el texto completo hacer click en el siguiente enlace:
Ecopoesía San José -2010 en PDF o en la imagen de la carátula:

domingo, 23 de enero de 2011

En el "Año del Centenario del Nacimiento de José María Arguedas Altamirano"

Pagando una deuda imposible.

Tomado de El País.
Por el escritor chileno ARIEL DORFMAN
.

Cien años han pasado desde aquel 18 de enero de 1911 en que vino al mundo el fundacional escritor
peruano José María Arguedas, un centenario que me permite, por primera vez, confesar que tengo con él una deuda que no acabo de pagar.

Muchos de los que tuvimos el privilegio y el goce de ser sus amigos tenemos una deuda parecida: este novelista y antropólogo que revolucionó el campo literario latinoamericano y modificó drásticamente la manera en que percibimos a los pueblos originarios del mundo terminó, desesperado y deprimido, suicidándose en Lima a la edad de 68 años -la misma edad que, extrañamente, detento yo ahora que por fin asumo públicamente la culpa personal que me toca en su prematura desaparición-.

Pese a que me llevaba más de tres décadas de ventaja, fuimos entrañables amigos. Gracias a los buenos oficios de Pedro Lastra, y de los Arredondo, la familia chilena de la mujer de José María, pude intimar con él después de haberlo leído con encanto y también con algo de desasosiego ante el abismo de perversidad que revelaba en un Perú que maltrataba y despreciaba a las candentes mayorías indígenas. Tuvimos largas conversaciones, lo escuché cantar huaynos en quechua, lo vi danzar hasta el amanecer, llegué a entrevistarlo varias veces y finalmente produje un ensayo sobre su obra que él refrendó, y esa empatía mía con su literatura y persona lo llevaron a llamarme hermano, parte de la misma lucha por la belleza y la justicia y la verdad.

Apreciaba mis opiniones. No lo digo para vanagloriarme, sino porque es indispensable para asomarse al desenlace de nuestra relación. Apreciaba mis opiniones, repito, y fue por eso que, en octubre de 1969 -¿o puede haber sido en septiembre o a principios de noviembre?- me avisó de que venía a Santiago y que quería verme, “por algo importante”.

Lo que le desvelaba, me explicó, cuando finalmente nos encontramos, era su nueva novela, El zorro de arriba y el zorro de abajo, aún inconclusa. Necesito saber lo que piensas, Ariel. No se asemeja a nada que haya escrito antes.- Y me pasó un grueso manuscrito, pidiéndome que lo leyera pronto para que pudiéramos conversar antes de su retorno al Perú.

Me pasé los días siguientes, y buena parte de las noches, sumergido en las arenas de ese libro monumental. Mi primera impresión fue de espanto: comenzaba José María por advertir al lector, en un diario de vida que no tenía nada de fingido, que recientemente había tratado de suicidarse. Similares revelaciones sobre su crisis, su incapacidad de seguir escribiendo, se reiteraban en el resto de la novela, cuyo núcleo central, sin embargo, estaba constituido por una ardua y alucinada narración sobre Chimbote. Me sentí atraído -no lo pude evitar- más por el dolor lúcido del amigo fidedigno e histórico que por los personajes que deambulaban por un puerto degradado y a la vez mítico, una insaciable ciudad de pescadores en que figuras legendarias se cruzabancon locos y prostitutas y enviados del imperio y migrantes de la sierra. Si entendía demasiado bien lo que pasaba con mi querido José María, sus hombres y mujeres ficticios carecían, en cambio, de la envergadura emocional de sus escritos anteriores y la prosa en que respiraban me pareció desconcertante, opaca, enmarañada. Algo que siempre me había fascinado de Arguedas era su estilo espléndido, fruto, como su vida misma, de su ser mestizo, su existencia precaria a horcajadas entre dos mundos, el blanco y el indio, forjando en el lenguaje mismo un modelo de cómo la cultura autóctona podía revertir el sentido y flujo de la conquista, podía apoderarse de la palabra. En todos sus libros precedentes había construido una sintaxis deslumbrante, tensionada entre la luz y la oscuridad, la alegría y el desconsuelo, permitiendo que sus lectores se asomaran, sin dejar el castellano, al mundo andino prohibido y ultrajado. Leerlo siempre había sido, por lo tanto, una experiencia inolvidable y única.

Pero Arguedas, aparentemente, había llegado a la conclusión de que era una experiencia demasiado cómoda, hasta acomodaticia. Porque en la novela de los zorros abandonaba toda pretensión de que se lo entendiera con claridad, entorpecía ese placer transcultural, había decidido salirse de las fronteras habituales de lo reconocible para un lector sumido, como yo, en la tradición occidental y moderna. Era, para ser franco, una novela quechua y, para mi mala fortuna, me sentí extranjero, dislocado, en ese mundo.

Se lo dije. Haberlo callado hubiera sido más piadoso con un hombre que sufría una depresión psicológica tan catastrófica; más piadoso, sí, pero indigno de él y de nuestra relación basada en la lealtad y la transparencia. Le conté, entonces, durante una larga tarde que pasamos, recuerdo, al interior del auto que mi padre me había prestado para que lo visitara, desmenucé lo que me había conmovido en su obra nueva y también lo que estimaba confuso y enrevesado, aquello que necesitaba -sí, eso es lo que le dije yo, a los 27 años de edad, a este magnífico escritor que había hecho cantar a los ríos y era hermano de las montañas- más trabajo, más coherencia, más organicidad narrativa.

Si le dolió mi opinión, fue demasiado gentil para hacérmelo saber. Dijo que tomaría en cuenta esos comentarios, y que le había dado mucho que pensar. Y nos despedimos con el abrazo de siempre, como si nada.

Unas semanas más tarde, un mes más tarde, más tarde, más tarde, demasiado tarde y demasiado temprano, a fines de noviembre de 1969, me llegó la noticia de que se había disparado un tiro en la sien en la Universidad Agraria de Lima. Recordé algo que me había susurrado en alguna lejana madrugada: “Si no puedo escribir, mejor es no estar vivo”. En efecto, había completado su novela con su propia muerte.

No soy tan arrogante como para pensar que si le hubiera alabado, ay, si le hubiera entendido, su texto, podría haber evitado su sacrificio. Pero de todos modos me reproché entonces y me seguí reprochando durante décadas el hecho de que no me rajé el corazón, no abrí los ojos hasta el cielo, no me desgarré el alma, no salté el despeñadero que nos separaba. No supe estar a la altura de su visión y su amistad, no fui capaz de aceptar con humildad el regalo híbrido y ambicioso y trastornante que me estaba ofreciendo a mí y al mundo.

Pero el centenario de su nacimiento no debería ser ocasión únicamente para expiaciones. Debe ser, ante todo, una celebración, el recuerdo de que su obra y su vida se fundaban en una apuesta primordial: que la cultura de los Andes -imbuida de amor a la naturaleza, moral y estéticamente superior a quienes la sojuzgaban- era capaz de salvar a la humanidad contemporánea presa de un progreso avaro e insensato que se erige sobre la explotación de la tierra y de nuestros semejantes, la apuesta todavía vigente de que hay otra humanidad posible.

¿Hay alguien más vivo que Arguedas hoy? ¿Hay alguien más relevante en este tiempo en que la especie se encamina hacia el apocalipsis? ¿Hay alguien que escribió con más lucimiento y grandeza sobre lo que significa vivir y morir y sobrevivir en nuestra encrucijada inacabable?

Tengo una deuda contigo, José María. Lo que he descubierto, ahora que tengo la edad tuya cuando nos dejaste, es que es también una deuda que tenemos todos, he descubierto que nos toca volver a leer los profundos ríos de tu literatura para rescatarte, esta vez sí, de la muerte que dicen que te devoró.

Ariel Dorfman es escritor chileno. Su última novela es Americanos: los pasos de Murieta

jueves, 20 de enero de 2011

Murió Luis Jaime Cisneros

La intelectualidad peruana está de luto. Al medio día de hoy murió en la clínica Ricardo Palma Luis Jaime Cisneros, el escritor, el letrado, el ex integrante de la Academia de la Lengua, el pensador y por encima de todas las cosas el docente universitario, identificado plenamente con la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), donde es considerado como un mito. Y murió a los 89 años en su ley, rodeado hasta sus últimos días de sus libros, preparando dos obras que debían ser publicadas próximamente y rodeado de sus familiares, especialmente de sus nietos a quienes amaba entrañablemente.

Se fue el gran Luis Jaime, el recitador de la voz susurrante por un problema en las cuerdas vocales, el visionario que veía desde 1986 solo con su ojo derecho por habérsele enceguecido el izquierdo, el escritor iluminado, el profesor del Departamento de Humanidades de la PUCP, el apreciado decano de la Facultad de Letras que recibió las Palmas Magisteriales y tres veces el Premio Nacional de Cultura y encandilaba a sus alumnos con sus clases sabias preparadas con esmero y siempre con anticipación porque quería que lo entiendan. “Si no comprendes no puedes explicar lo que comprendes, para qué diablos hablar con el otro”, decía. En una entrevista que le hizo El Comercio confiesa que quiso ser neurocirujano porque “el cerebro siempre me ha atraído, por eso nunca me interesó la política porque para ser político no hay que tener cerebro”.

Su padre Luis Fernando, fue director del diario La Prensa y fue deportado a Argentina por lo que él y sus hermanos tuvieron que estudiar en esa nación. Decía que las cosas que más detestaba eran la impuntualidad, la improvisación y la educación.

Con su muerte se va un gran intelectual pero quedan sus enseñanzas, sus libros y, lo más valioso, su ejemplo. Las aulas de la PUCP se quedarán vacías por su ausencia y en silencio porque nunca más se oirá el susurro de su voz, pero sí llenas de sus recuerdos. Que descanse en paz.

Tomado en línea de

http://herberthcastroinfantas.wordpress.com/2011/01/20/murio-luis-jaime-cisneros/