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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Emotiva Ceremonia de Premiación a Ganadores de ECOPOESIA 2011

El día de hoy 7 de diciembre a las 10:00 am,  en el Auditorio de la Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque, se realizó en emotiva ceremonia la premiación a los ganadores del I Concurso Regional Escolar de Ecopoesía: Los Bosques refugio de Vida. El mencionado acto tuvo con la presencia del Dr Alejandro Lamadrid Ubillús, Presidente de la Junta de Fiscales Superiores de Lambayeque, además con el Director del Colegio Nacional de "San José"; con el Dr Lev Castro Chirinos, con el Señor Andrés Medrano Avila, Presidente del Club de Leones "Los Parques" y otras autoridades.
La ceremonia tuvo la parte artística con la participación de la estudiante Claudia Chanamé Primo, del CEP "Pedro Ruiz Gallo" de Ferreñafe, quien hizo reflexionar al público con la declamación de un poema alusivo ala defensa de la naturaleza, así mismo tuvo brillante participación la profesora Rosa Cieza Chinchay, quien interpretó dos piezas musicales con el saxo. Fue una mañana muy emotiva, donde los jovenes estudiantes de los colegios de Olmos, fueron premiados por tan  brillantes creaciones poéticas.
Esperamos repetir el próximo año con la segunda versión, pero espermaos también que los diferentes colegios participen en estos eventos, que lo único que persiguen es que los estudiantes y el pueblo tomen conciencia ecológica ante el grave deterioro de los ecosistemas del planeta Tierra.
Gran reconocimiento a los estudiantes integrantes de la Fiscalía Escolar Ambiental del Colegio Nacional de "San José" de Chiclayo, por organizar el evento y también a sus entusiastas asesores, los profesores Kathy Gonzales Cruz y José Rosario Primo Bonilla

sábado, 7 de mayo de 2011

La Poesía rinde Homenaje a la Madre

El próximo 8 de mayo se celebra en nuestra patria el DIA DE LA MADRE, y desde esta trinchera le queremos rendir con gran júbilo y emoción un merecido homenaje a la madre de nuestro pueblo, y en especial a las madres docentes del sesquicentenario Colegio Nacional de "San José" de Chiclayo, para aquellas madres que cumplen una doble función dentro de ésta sociedad: la que administra el hogar y cuida de los hijos y la que al mismo tiempo tiene una jornada laboral, la que sale a las calles a ganar unos cuantos soles para poder alimentar a sus vástagos.

Queremos rendirle un homenaje con grandes poemas de autores peruanos, quienes expresan con profundo sentimiento, el amor a las madres del mundo, ser que merece nuestro respeto y admiración. He aquí la poesía para las madres de nuestro querido pueblo.


MADRE PROLETARIA

Arrastrando miseria en tu camino
vagas madre en el mundo con tu pena,
arrastrando ese sello que el destino
en la vida te ha puesto de cadena.

Tú, que luchas y sufres sinsabores,
tú, que llevas del paria la pobreza,
sollozando yo canto tus dolores
mi plegaria va a ti con mi tristeza.

Porque miro la arruga que en tu frente
representa lo mucho que has sufrido,
porque miro que siempre indiferente
sepultas tu dolor en el olvido.

Me entristece pensar que viene el día
consagrado a las madres, y tú que eres
en el mundo la imagen de María,
la bendita entre todas las mujeres,

no recibas regalos de opulencia
como el iris de ricas pedrerías,
porque en ti todo se ha hecho diferencia,
diferencia también . . . hasta en tu día!

Y al llegar el alegre Diez de Mayo
cuando tu hijo no tenga que ofrendarte
palpitará de su esperanza el rayo
al pensar que le queda para darte:

la flor del corazón, la flor humana,
que él mismo en arranque de tristeza,
besándola ornará tu testa cana
cual tributo de amor en la pobreza.

Y por eso te ensalzo proletaria,
porque nunca has sabido de alegría,
porque tú eres la madre de los parias,
porque tú eres la imagen de María . . . !

Felipe Guzmán Toscano. Abril de 1949

jueves, 21 de abril de 2011

CAMINO AL SUR: El compromiso de la Literatura. La acción ligada a la palabra. Por Esteban Fauret*

ARGENTINA-Pehuajó: Hoy, 21 de marzo, es el día Internacional de la Poesía. Divago en la melancolía de la tarde y la nostalgia echa un sudario casi otoñal sobre mi espacio, reducido a una pantalla de PC y un teclado sobre el cual mis dedos se mueven un poco vacilantes en medio de una creciente urgencia por escribir.

Hoy, el mundo estará igualado astralmente, no habrá hemisferio sur ni hemisferio norte en esta conjugación de solsticios y equinoccios; hoy el día tendrá el mismo espacio que la noche; la magnitud escalar del tiempo tenderá una simétrica proporción entre el reino del sol y el de la luna y las estrellas. Y es el día de la poesía.

A partir de aquí, habrá poetas que le canten a las hojas caídas y otros a las ramas florecientes; la inspiración dará nuevos perfiles de observación del paisaje y las golondrinas harán primavera u otoño en los trazos de los versos en todo el mundo, la Avión pilmaiquen , weshulken , mbiyui , hirondelle , hirundo , schwalbe , andorinha , swallow , etc, encabezadas por Progne , convertida en una de ellas por los dioses griegos, se irán llevándose sueños o volverán a colgar sus nidos en balcones. Y los poetas cantarán porque es el día de la poesía.

Y en esta igualdad efímera del tiempo, emparejando a los seres humanos iluminados por el mismo sol o las mismas estrellas, se me ocurre reflexionar al amparo de una experiencia vívida, que aún recorre por los laberintos interiores tomando energía a medida que transita por ellos. Es que el Encuentro Internacional de Poetas del Mundo “Camino al Sur”, sirvió para afirmar un aspecto esencial que manifiesta que el planeta tiene una terrible desigualdad la cual, a espaldas de los poetas, produce una devastación tanto natural como espiritual, ambas mortales, que es necesario que nos demos vuelta para mirar de frente y decir que asumimos el compromiso de la acción unido a la palabra para luchar en defensa del atropello y liberarnos del sometimiento que ya se ha expandido a todos los frentes y con más sutileza. Ya es tiempo de literatura con compromiso.
El notable escritor uruguayo Mario Benedetti, decía que la poesía es 'un altillo de almas', un 'tragaluz para la utopía' y 'un drenaje de la vida/ que enseña a no temer a la muerte', palabras que todo poeta o escritor conoce muy bien, porque todo poeta o escritor es ineludiblemente un libre pensador sobre la vida, un temible observador de la realidad, un aventurero en constante búsqueda de la verdad que lo lleva a ser un acusador de la injusticia y un exigente reclamador de equidad. Es la voz de la rebelión del espíritu.

En la expresión existencialista del autor de las palabras que dan inicio a esta nota, Jean Paul Sastre, ya se deja en claro el concepto de la misión del poeta o escritor que debe necesariamente seguir en forma sistemática el ¿Qué es?, el ¿Por qué?, el ¿Para quién?, para clarificarse que debe asumir un compromiso en el momento que le toca vivir, para desarrollar una función superlativa al hecho propio de la creatividad y transformarse en soldado de su época valorando la creación en función del resultado que la misma produzca en la causa que asuma. En pocas palabras, la literatura se manifiesta plena y el referente de ella adquiere vigor cuando se está al servicio de la comunidad, especialmente cuando en estos tiempos, las sutiles formas de dominación del enemigo del planeta y de los sueños adquieren fuerza inusitada. Por supuesto, dejo la salvedad propia que “viendo” el futuro que se avecina se incurre necesariamente en el compromiso.

No hubo espacios para mirar el paisaje en este periplo de 3500 km. rumbo al sur, solo fugaces momentos imposibles de soslayar por la belleza, que surgían en medio de cavilaciones, meditación y el estremecimiento de estar abordados por un contexto que poco a poco nos fue absorbiendo plenamente hasta demostrarnos una realidad sobre la que hoy estoy escribiendo, que nos hizo “ver” que no estábamos allí para ver los hermosos lagos, los volcanes nevados y humeantes, las interminables hileras de árboles al costado de la autovía, los montes frondosos, el Pacífico y aún el increíble fulgor de las estrellas de Curarrehue. Todo ello constituyó un paisaje secundario que se fue diluyendo en una realidad mucho más esencial, porque no es fácil entrar a un Penal, soportar la hipócrita sonrisa de un Director intentarnos mostrarnos que lee y aprecia la cultura y estar al lado de un chico de 25 años sobre el que pesa un pedido de condena de 85 más, sin un homicidio, atentado, o algo que justifique un solo día en ese lugar. Solamente la defensa de su territorio “como lo hace cualquier animal que se siente acorralado”, según expresaba Luís, otro de los tres presos mapuches en similares circunstancias que pudimos visitar en ese tétrico edificio de Temuco. Porque no es fácil, estar viendo la desesperación de pobladores, como en Panguipulli, cuando en una escuela un Director y un Concejal, junto a otra gente del lugar mostraban el nerviosismo y la impotencia de futuros despojados de un paisaje imponente que primeramente era su habitat, su casa, su tradición, y que va a ser avasallado sin al menos un dejo de admiración por esa singular belleza, propicio para la instalación de mega represas y mil km. de supertorres de conducción eléctrica. Porque no es fácil estar frente a soberbias palabras [y valga la expresión], de jefes de comunidades mapuches que las extraían naturalmente de su espíritu con la simpleza y la sencillez de decir solamente lo que hay que decir, sin adornos políticos ni proselitistas. Porque no es fácil apreciar que la cultura es el arma fundamental que están empleando para la resistencia y no conmoverse de pensar lo poderosa que es manejada con convicciones.

Cómo no pensar entonces en el compromiso de los grandes de la literatura de la historia de este mundo, enfáticos denunciantes de las realidades injustas, como Tolstoi, Dotoievsky, García Lorca, y miles de ellos con notable calidad literaria, pero mejor compromiso de lucha a través de las palabras, sin entrar en la historia sombría que enlutó la cultura latinoamericana especialmente.
Hoy tenemos un espacio de compromiso propicio para desarrollar la acción, porque son cada vez más los poetas y escritores que ya no cantan solamente a las hojas del otoño y al florecer de las ramas de la primavera o a la migración de las golondrinas. Tenemos cada vez más, agrupaciones de poetas y escritores que se suman a la contiendan con las convicciones a las que apuntaba en este comentario. Se suman para salvar el medio ambiente; se suman para generar conciencia de las injusticias; se suman para sumar voluntades que sin concientización de los peligros y de la amenaza que se cierne sobre la humanidad son fuerzas desperdiciadas; se suman porque somos quienes podemos herir profundamente con la palabra adicionada a la acción. Para luchar contra el desencanto que sumió en el mundo el postmodernismo que creó miles de escritores elitistas e individualistas.

Por ello. la ONG Poetas del mundo es un claro ejemplo de PALABRA – ACCIÓN.

Por ello, el Primer Encuentro Internacional de Poetas del Mundo “Camino al Sur”, ha marcado un camino esencial en muchos de los temas de raíz latinoamericana, que seguiré desglosando en futuras notas, para ir tomando conciencia del significado de la palabra COMPROMISO en la literatura.

Porque además, hay que tener FE, SUEÑOS, CREER que los cambios son posibles y sentar los principios de ¿Qué es escribir?, ¿Por qué escribir? y ¿Para quién se escribe?


Esteban Fauret
Pehuajó, Argentina

1 Araucano. .
2 Mapuche
3 Guaraní
4 Francés
5 Latín
6 Alemán
7 Portugués
8 Inglés
9 Según la mitología griega, hija de Pandión, Rey de Atenas, convertida por los dioses para escapar de su marido.

miércoles, 20 de abril de 2011

POEMA 10

Y nosotros esperaremos aquí
hasta que venga la muerte
y no nos correremos.

Moriremos de pie
como los árboles
como el faique,
como el algarrobo.

Nuestros esqueletos
seguirán parados muchos años,
hasta que hueso por hueso
se caerán ruinosos.

Vendrá el sol,
vendrá la sequía,
vendrá el rodillo caliente,
y molerán nuestros húmeros,
nuestras vértebras,
nuestras costillas,yY nuestras calaveras
se volverán polvo
polvo, polvo, polvo,
y todo quedará polvo
para que la mano del viento
lo tire por el cosmos.

Por Darío Hernández Quiroz

martes, 19 de abril de 2011

Loa al Poeta

Poeta,
Ser de naturaleza sublime
sientes en tus venas el dolor ajeno;
forjado en las inclemencias de la Nada
flagelado por los rigores del Todo,
a veces gigante, a veces pequeño,
nunca comprendido, siempre marginado
trejo en las batallas del día a día
guerrero incansable en las lides del amor.

Tan grande es tu dicha como tu sufrimiento
porque tienes el don de la hipersensibilidad.
Desde tiempos remotos
atrapas la belleza en tus palabras
alzas tu voz de protesta a los cuatro vientos,
intensificas la dicha y la pasión
en los corazones afligidos y sedientos de amor .

Juglar suspendido en el tiempo,
son tus versos cantos de esperanza
con la que los amantes propician un idilio
o sucumben a las llamas de la pasión.
Con tus odas alimentas al soldado en la guerra
o propugnas la paz entre naciones enemigas.

Poeta,
El alma del pueblo se alumbra
del fuego fraterno que brota de tu pecho,
el caminante halla en tus versos
la razón de su eterna caminata
y la historia rebusca en tu pluma
los hechos que dejarán huella eterna.
Posees la gracia privilegiada
de contar tu verdad como ajena
y la, de otros ,como tu propia historia
o entremezclar ambas magistralmente,
ocasionando que mil locuras corran por la mente
de los lectores que se identifican con ellas
haciendo que el amante con febril euforia
añore a su amada en luna llena
o muera al verla por otro cortejada.

Poeta,
Comprometido social, amante imperecedero
luchador de masas, admirador de la belleza.
Nunca declines en tu sagrada misión
de ser parte de la historia de los pueblos
porque sin ti, los acontecimientos
que discurren a través de los siglos
serían contados de manera incompleta
tergiversados o sutilmente manipulados.
Tu misión es sagrada como fue la de Cristo;
ambos fueron incomprendidos; sin embargo,
La doctrina de “El” por “divina”
ha llegado a ser universalmente aceptada
y la tuya por “humana” va ganando espacios
en todos los confines y en todos los rincones
gracias al esfuerzo de hombres y mujeres
que dejando tirones de su propias vidas
han revalorado tu insigne e inmortal obra.
¡Salud! Poeta , por tu día y por tu Gloria.

Por Matilde Mesones Montaño
Ferreñafe-Perú

lunes, 24 de enero de 2011

ECOPOESIA SAN JOSE - 2010

Por William Piscoya Chicoma
Miembro de la Asociación Provincial de Poetas de Ferreñafe.

Con el título de Benjamines Sanjosefinos Cantándole a la Vida y al Planeta, con la denominación global de Ecopoesía San José 2010, y con el auspicio del Club de Leones Los Parques de Chiclayo y la Fiscalía de Prevención del Delito en Materia Medio Ambiental, Kathy A. Gonzáles Cruz y José R. Primo Bonilla -docentes del centenario y emblemático Colegio Nacional de San José-, acaban de publicar el resultado de un trabajo, ciertamente, relevante: el Primer Concurso de Poesía Ecológica (Ecopoesía 2010), realizado entre noviembre y diciembre del pasado año.
El mencionado evento literario realizó, en el sesquicentenario chiclayano, algo que ya no es muy habitual en nuestro tiempo: la participación, de los estudiantes de todos los Grados del Nivel Secundaria, en una competencia poética y -dicho sea con énfasis y suma complacencia- con temática muy especial: la ecología. Y es que, verdaderamente, en la actualidad, resulta muy difícil convocar a casi todo un colegio, de la dimensión del Coloso del Norte, en un torneo literario, específicamente, lírico, y -valor al mérito de los organizadores Kathy Gonzáles y José Primo, y de los docentes asesores- con orientación e intencionalidades eminentemente medioambientalistas. El resultado: un libro materialmente hermoso y, lo que es más afortunado aún, con la presentación de un conjunto de benjamines poéticos de grandes talentos que, desde ya, se constituyen como las nuevas y auspiciantes voces líricas de nuestro territorio lambayecano.

Benjamines Sanjosefinos es, desde el punto de vista de la promoción literaria, una flagrante realidad y, desde el ecologista, toda una promesa de movilización de conciencia medioambiental juvenil, que nos llena de ilusiones y nos instiga a creer, no sólo en la posibilidad del forjamiento de una nueva pléyade de poetas y escritores chiclayanos, sino, también, en el principio de un verdadero acontecimiento de cruzada por la protección de la naturaleza, de la magnitud que es importante generar en nuestros ciudadanos del hoy y del mañana. Por eso, en este trabajo -que congregó a la familia sanjosefina y al Club de Leones Los Parques de Chiclayo, básicamente-, se consigue, sobre todo, un fin fundamental: educar, a la sociedad lambayecana y nacional, en el amor por las entidades del espíritu y el valor de la defensa de nuestro planeta, modo sin precedentes en nuestro ámbito regional.

Benjamines Sanjosefinos -ya lo hemos referido-, consta de la recopilación -finamente realizada por Kathy Gonzáles y José Primo- de la presentación de los textos poéticos de los ganadores del concurso y, asimismo, de los más distinguidos de otros participantes. Y hay, en este libro, un par de aspectos muy bien definidos que es muy importante destacar: el aprobado manejo de la palabra poética, por un lado, y por otro lado, la competitividad creativa y la imaginación desplegada por sus pequeños autores. Prueba de ello son, sin ninguna duda, los textos ganadores, pero, de la misma manera, un gran número de los otros poemas de la compilación. Resultaría extendido, por no decir, improbable, hacer en una sola nota, el comentario crítico adecuado, conveniente, oportuno, de los textos de los benjamines líricos sanjosefinos, pero, la percepción caótica de un mundo industrializado y postmoderno, el daño irreparable de la mano del hombre sobre la creación, las consecuencias funestas para la supervivencia de los seres vivientes por acciones de profanación, corrupción y contaminación del hábitat, así como, -antagónicamente-, la protesta contra la inversión del proceso de surgimiento y desarrollo de las fuentes de vida, la identificación con los planes, propósitos y acciones a favor de protección del ecosistema, el canto a la paz, al equilibrio y la armonía del universo, la plegaria e invocación a Dios como salida a la situación crítica y la resolución problemática, y, en general, el grande amor por la naturaleza y la creación, son temas recreados muy emotiva e ingeniosamente en el nuevo libro, y constituyen -junto a los recursos de estilo, todavía incipientes, y al lenguaje sencillo y directo, pero no por eso, falto de creatividad y de lirismo-, el a merveille (¡a maravilla!) bona fide (de buena fe) de la joven poesía sanjosefina, que nos hacen tener la certeza de que, así como nuestro mundo, todavía tenemos la oportunidad de creer y tener otras nuevas y grandes oportunidades, para ser de nuestro planeta el lugar, la parte del universo donde poder vivir en congruencia con todo lo existente. Para los benjamines del San José y para todos aquellos involucrados en esta magnifica tarea, muchas felicidades, y que Dios y la Naturaleza os guarde.
Para ver el texto completo hacer click en el siguiente enlace:
Ecopoesía San José -2010 en PDF o en la imagen de la carátula:

domingo, 23 de enero de 2011

En el "Año del Centenario del Nacimiento de José María Arguedas Altamirano"

Pagando una deuda imposible.

Tomado de El País.
Por el escritor chileno ARIEL DORFMAN
.

Cien años han pasado desde aquel 18 de enero de 1911 en que vino al mundo el fundacional escritor
peruano José María Arguedas, un centenario que me permite, por primera vez, confesar que tengo con él una deuda que no acabo de pagar.

Muchos de los que tuvimos el privilegio y el goce de ser sus amigos tenemos una deuda parecida: este novelista y antropólogo que revolucionó el campo literario latinoamericano y modificó drásticamente la manera en que percibimos a los pueblos originarios del mundo terminó, desesperado y deprimido, suicidándose en Lima a la edad de 68 años -la misma edad que, extrañamente, detento yo ahora que por fin asumo públicamente la culpa personal que me toca en su prematura desaparición-.

Pese a que me llevaba más de tres décadas de ventaja, fuimos entrañables amigos. Gracias a los buenos oficios de Pedro Lastra, y de los Arredondo, la familia chilena de la mujer de José María, pude intimar con él después de haberlo leído con encanto y también con algo de desasosiego ante el abismo de perversidad que revelaba en un Perú que maltrataba y despreciaba a las candentes mayorías indígenas. Tuvimos largas conversaciones, lo escuché cantar huaynos en quechua, lo vi danzar hasta el amanecer, llegué a entrevistarlo varias veces y finalmente produje un ensayo sobre su obra que él refrendó, y esa empatía mía con su literatura y persona lo llevaron a llamarme hermano, parte de la misma lucha por la belleza y la justicia y la verdad.

Apreciaba mis opiniones. No lo digo para vanagloriarme, sino porque es indispensable para asomarse al desenlace de nuestra relación. Apreciaba mis opiniones, repito, y fue por eso que, en octubre de 1969 -¿o puede haber sido en septiembre o a principios de noviembre?- me avisó de que venía a Santiago y que quería verme, “por algo importante”.

Lo que le desvelaba, me explicó, cuando finalmente nos encontramos, era su nueva novela, El zorro de arriba y el zorro de abajo, aún inconclusa. Necesito saber lo que piensas, Ariel. No se asemeja a nada que haya escrito antes.- Y me pasó un grueso manuscrito, pidiéndome que lo leyera pronto para que pudiéramos conversar antes de su retorno al Perú.

Me pasé los días siguientes, y buena parte de las noches, sumergido en las arenas de ese libro monumental. Mi primera impresión fue de espanto: comenzaba José María por advertir al lector, en un diario de vida que no tenía nada de fingido, que recientemente había tratado de suicidarse. Similares revelaciones sobre su crisis, su incapacidad de seguir escribiendo, se reiteraban en el resto de la novela, cuyo núcleo central, sin embargo, estaba constituido por una ardua y alucinada narración sobre Chimbote. Me sentí atraído -no lo pude evitar- más por el dolor lúcido del amigo fidedigno e histórico que por los personajes que deambulaban por un puerto degradado y a la vez mítico, una insaciable ciudad de pescadores en que figuras legendarias se cruzabancon locos y prostitutas y enviados del imperio y migrantes de la sierra. Si entendía demasiado bien lo que pasaba con mi querido José María, sus hombres y mujeres ficticios carecían, en cambio, de la envergadura emocional de sus escritos anteriores y la prosa en que respiraban me pareció desconcertante, opaca, enmarañada. Algo que siempre me había fascinado de Arguedas era su estilo espléndido, fruto, como su vida misma, de su ser mestizo, su existencia precaria a horcajadas entre dos mundos, el blanco y el indio, forjando en el lenguaje mismo un modelo de cómo la cultura autóctona podía revertir el sentido y flujo de la conquista, podía apoderarse de la palabra. En todos sus libros precedentes había construido una sintaxis deslumbrante, tensionada entre la luz y la oscuridad, la alegría y el desconsuelo, permitiendo que sus lectores se asomaran, sin dejar el castellano, al mundo andino prohibido y ultrajado. Leerlo siempre había sido, por lo tanto, una experiencia inolvidable y única.

Pero Arguedas, aparentemente, había llegado a la conclusión de que era una experiencia demasiado cómoda, hasta acomodaticia. Porque en la novela de los zorros abandonaba toda pretensión de que se lo entendiera con claridad, entorpecía ese placer transcultural, había decidido salirse de las fronteras habituales de lo reconocible para un lector sumido, como yo, en la tradición occidental y moderna. Era, para ser franco, una novela quechua y, para mi mala fortuna, me sentí extranjero, dislocado, en ese mundo.

Se lo dije. Haberlo callado hubiera sido más piadoso con un hombre que sufría una depresión psicológica tan catastrófica; más piadoso, sí, pero indigno de él y de nuestra relación basada en la lealtad y la transparencia. Le conté, entonces, durante una larga tarde que pasamos, recuerdo, al interior del auto que mi padre me había prestado para que lo visitara, desmenucé lo que me había conmovido en su obra nueva y también lo que estimaba confuso y enrevesado, aquello que necesitaba -sí, eso es lo que le dije yo, a los 27 años de edad, a este magnífico escritor que había hecho cantar a los ríos y era hermano de las montañas- más trabajo, más coherencia, más organicidad narrativa.

Si le dolió mi opinión, fue demasiado gentil para hacérmelo saber. Dijo que tomaría en cuenta esos comentarios, y que le había dado mucho que pensar. Y nos despedimos con el abrazo de siempre, como si nada.

Unas semanas más tarde, un mes más tarde, más tarde, más tarde, demasiado tarde y demasiado temprano, a fines de noviembre de 1969, me llegó la noticia de que se había disparado un tiro en la sien en la Universidad Agraria de Lima. Recordé algo que me había susurrado en alguna lejana madrugada: “Si no puedo escribir, mejor es no estar vivo”. En efecto, había completado su novela con su propia muerte.

No soy tan arrogante como para pensar que si le hubiera alabado, ay, si le hubiera entendido, su texto, podría haber evitado su sacrificio. Pero de todos modos me reproché entonces y me seguí reprochando durante décadas el hecho de que no me rajé el corazón, no abrí los ojos hasta el cielo, no me desgarré el alma, no salté el despeñadero que nos separaba. No supe estar a la altura de su visión y su amistad, no fui capaz de aceptar con humildad el regalo híbrido y ambicioso y trastornante que me estaba ofreciendo a mí y al mundo.

Pero el centenario de su nacimiento no debería ser ocasión únicamente para expiaciones. Debe ser, ante todo, una celebración, el recuerdo de que su obra y su vida se fundaban en una apuesta primordial: que la cultura de los Andes -imbuida de amor a la naturaleza, moral y estéticamente superior a quienes la sojuzgaban- era capaz de salvar a la humanidad contemporánea presa de un progreso avaro e insensato que se erige sobre la explotación de la tierra y de nuestros semejantes, la apuesta todavía vigente de que hay otra humanidad posible.

¿Hay alguien más vivo que Arguedas hoy? ¿Hay alguien más relevante en este tiempo en que la especie se encamina hacia el apocalipsis? ¿Hay alguien que escribió con más lucimiento y grandeza sobre lo que significa vivir y morir y sobrevivir en nuestra encrucijada inacabable?

Tengo una deuda contigo, José María. Lo que he descubierto, ahora que tengo la edad tuya cuando nos dejaste, es que es también una deuda que tenemos todos, he descubierto que nos toca volver a leer los profundos ríos de tu literatura para rescatarte, esta vez sí, de la muerte que dicen que te devoró.

Ariel Dorfman es escritor chileno. Su última novela es Americanos: los pasos de Murieta